Real Madrid, 2 - Celta de Vigo, 0: Asensio luce
Jesús Bengoechea
Apostó Zidane por el once tipo, con la única salvedad de Nacho y Asensio por los maltrechos (por diferentes razones) Ramos y Rodrygo, que ya frente al Elche había sido sustituido por el balear. Y fueron precisamente Nacho y Asensio los que marcaron el inicio del partido, el primero salvando bajo palos el remate de Aspas y el segundo haciendo efectivo el contragolpe correspondiente con un espléndido centro que remató Lucas Vázquez de cabeza en el segundo palo marcando un gol canónico. Sabor eminentemente español en el primer gol para alegría del piperío.
El partido se jugaba a lo que quería Modric: taconazos, evasivas con fintas, pases de tacón y todo el repertorio de sutilezas al servicio del acostumbrado juego de dominio que no enamora a los madridistas más partidarios del vértigo. Siendo el primer gol fruto de un contraataque espléndido, debería Zidane ponderar la presencia de ese factor en su paleta. Paradigmático también, en cualquier caso, el buen juego de toque de Benzema en esos primeros minutos.
Poco que reseñar del Celta salvo su dureza en la primera mitad, consentida por De Burgos Bengoetxea. Aprovecho para aclarar que no hay parentesco alguno entre dicho colegiado y este humilde cronista. Muy airados reclamaron los celtiñas a De Burgos un penalti de Mendy por no arrancarse el brazo, en omisión claramente franquista y gurucetista por parte del lateral francés que dará que hablar en El Chiringuito. Los propios gritos sirvieron al menos para desperezar a los gallegos, que empezaron a inquietar algo más a partir de la media hora. Se estiraron un poco, si bien con escasa sensación de peligro, y así transcurrieron lánguidamente los minutos hasta el descanso sin más novedad que una tarjeta de De Burgos al Celta (quien lo viera, que compre lotería) y una volea de Carvajal rozando el palo.
La segunda parte se inició marcada por la lesión desgraciada de Aspas y por una agresión disimulada de Hugo Mallo a Asensio, que en lugar de quejarse optó por marcar un gol. Fue un gran robo de balón de Modric que habilitó a Casemiro para profundizar sobre Lucas, quien devolvió la asistencia a Marco para que este refrendase su pujanza con un gol tranquilizador. El Madrid tiene más que temer, en general, de su propia tendencia a perdonar en ataque que de la pericia de sus rivales, y el buen porcentaje de acierto de cara a puerta constituye así una excelente noticia. Para quitarme la razón, Benzema falló una relativamente sencilla cuando ya se disputaba el último tercio de partido.
Los minutos fluyeron desapasionadamente, con una placidez casi desacostumbrada. Zidane aprovechó la calma del marcador para dar un buen rato a un Hazard que tampoco lució en demasía. El habitual conservadurismo de Zidane nos privó de ver en acción durante más minutos a Ødegaard, Vinicius y Valverde. Tuvo ese triple cambio a cinco minutos del final un aire ochentero claro, cuando sacaban en el último suspiro a los suplentes para que cobraran la prima. En definitiva, victoria tranquila del Madrid, de las que gusta a hombres aversores de las grandes emociones como Zidane o el que suscribe. Todavía, en un ochenterismo aún más pronunciado, hubo tiempo de ver en acción -es un decir- a Mariano. Y la buena noticia del excelente partido de Asensio nos mandó a la cama (los bares están cerrados) con una sonrisa en la cara.
Fotografía: Getty Images.
