Real Madrid, 2 - Granada, 0: Victoria en las trincheras
Andrés Torres
De un tiempo a esta parte, al Madrid le cuesta un potosí sacar adelante esta clase de encuentros entre semana antes este tipo de rivales aguerridos y bien entrenados, con pocas concesiones. Tan es así, que el Granada tardó menos de medio minuto en soltar el clásico aldabonazo que el Madrid frecuenta escuchar tarde.
En una de sus habituales comparecencias disolutas, el campeón de Liga permitió en apenas 25 segundos que Puertas, tras jugada del veterano y curtido en mil batallas Soldado, malograra la ocasión más clara de todo el primer periodo.
Respondería Benzema con un disparo a la red y Toni Kroos con un disparo muy parecido, por ponzoñoso, al que abrió el marcador contra el Athletic de Bilbao en la jornada precedente en Valdebebas. Poco más pudo ofrecer un 13 veces campeón de Europa, apabullado por momentos ante el feroz enjambre de futbolistas nazaríes.
La presión de los visitantes, perfectamente ordenada y dispuesta por un gran técnico, no dejó de incomodar en ningún momento al equipo de Zizou, que tal día como hoy echó mucho de menos la clarividencia de Luka Modric para sortear trincheras.
Hay un Pajarito en nuestras filas que también acostumbra a sobrevolarlas. Pero Valverde necesita espacios y el Granada los negó todos para mayor tedio del hincha blanco, un aficionado madridista que apenas se revolvió en el asiento salvo por Foulquier, el poderoso lateral francés de ébano que corre la banda de la Alhambra desde hace varias temporadas.
Primero propinó un codazo, aparentemente sin mala intención, a un Mendy desesperado que trataba de evitar un contraataque tras resbalar y perder el balón en un mal control.
Después cargó y empujó con alevosía a Rodrygo que, desequilibrado y trastabillado cual muñeco roto, rodó en el área para automáticamente pedir el cambio echándose la mano a la parte posterior del mundo. El árbitro consideró legal la carga. Y quizás a Rodrygo muy ligero.
Así las cosas, un Madrid sufriente, con Asensio en el verde en lugar del joven paulista, espeso en todo momento, sin fluidez ni juego, aunque serio en defensa, enfiló el camino de los vestuarios sabedor de una verdad incómoda: los tres puntos de esta noche no iban a resultar baratos.
El Madrid regreso al césped impregnado de la misma parsimonia que durante la primera parte. No obstante, a los 55 minutos, una corajuda penetración de Carvajal pareció despertar al campeón. El Pitbull de Leganés centró para que Asensio, lento e inconexo hasta entonces, nos deleitara con un mágico taconazo que se estrelló en el palo. Kroos recogió el rechace y Valverde acabó por fusilar al arquero nazarí que salvó al Granada con una gran atajada.
Este fulgor, este chispazo de fútbol y rabia, prendió la mecha del corazón blanco. Asensio, súbitamente revitalizado, sirvió un balón desde la banda izquierda para el que es necesario detentar mucha clase. Casemiro, de brutal e inapelable testarazo, adelantaba al Madrid.
El gol devolvió la fluidez al Madrid que sin grandes alardes comenzó a dominar el partido con pocos sobresaltos. A medida que el Granada se quitaba el corsé táctico dispuesto por Diego Martínez, el Madrid comenzó por fin a divisar los espacios en el horizonte.
Zidane también lo vio y apostó por el vértigo de Vinicius y el control de Isco para el último cuarto de hora. No obstante, fue Benzema quien en jugada individual propia de un jugador de billar avanzó entre los centrales para colocar el balón lejos del arquero, muy cerca del palo.
Era el último minuto. Como en los últimos encuentros.
El Madrid responde así a las victorias de Atleti y Barcelona 24 horas antes. El Granada planteó un duelo de cuchillo entre los dientes y el Madrid demostró que también sabe ganar estos partidos.
En las trincheras.
Fotografías: Getty Images.
