Real Madrid, 3 - Athletic de Bilbao, 1: Courtois y Benzema apañan el bache
Jesús Bengoechea
Podría atribuirse a la flor de Zidane el hecho de que Raúl García fuera expulsado en el minuto 14 si no conociéramos sobradamente al personaje. Aun en caso de no conocerlo, limitándose uno a observar el partido habría de concluir que la suerte uno la busca, y que uno no busca necesariamente la suya propia, ya que fue el propio García quien forjó la fortuna de Zidane con dos entradas de las que suele practicar con pasmosa impunidad. No le habían expulsado desde 2012. Desde entonces, el género humano ha tenido que esperar al año de lo inverosímil para verle enfilar los vestuarios antes de tiempo.
Sean o no cosas de 2020, aunque sea de sus postrimerías, hoy el inefable García topó con un árbitro extrañamente inclinado a aplicar el reglamento con independencia de lo tempranero del momento. Se intuyó como un alivio para los blancos, que habían empezado con una pájara importante, incapaces de dar una salida limpia al balón ante la presión de los de Garicano a pesar de disponer para ello del doble pivote de Kroos y Modric.
No mejoró mucho el juego del Madrid pese a la superioridad numérica. Los blancos parecían sumidos en una de esas brumas que les asaltan cuando llega un compromiso aparentemente menor tras una serie de encuentros de alto voltaje, y que el cronista nunca sabe si atribuir a cansancio físico, cansancio psicológico o puro ADN, el reverso oscuro que tenemos identificado desde Mendel. Valverde, Modric y Kroos parecían estorbarse, y solo disparos a la grada de pega de Vinicius o el propio Valverde se registraron hasta bien entrando el primer tiempo, hasta el punto en que hay que esperar al minuto 40 para que Unai Simón parara a bocajarro, en las fauces del gol, un inocente remate de Vini, quien segundos después remataba de cabeza en la espalda de Valverde, reforzando su reputación carambolera pero sin el premio del gol esta vez. El uruguayo no pudo precisar el remate, pero sí lo haría Kroos instantes más tarde en un buen tiro desde la frontal. Tanto de los que los clásicos llamaban psicológicos, esto es, al borde de un descanso que vino bien al espectador, saturado de juego insípido.
La bruma referida no cejó al comienzo del segundo tiempo, resultando en el empate marcado por Capa en un doble remate. Nadie entiende aún por qué Vinicius no persiguió hasta el final a De Marcos en su incursión. Se echó el Madrid arriba pero sin demasiada convicción y sin que transmitiera la sensación de estar aprovechando el jugar contra diez. Entraron Isco y Asensio, los últimamente denostados pichabrós, pero nada animó un cotarro bastante siniestro hasta que Benzema se elevó para rematar un excelente servicio de Carvajal. Lo que restaba fue un discreto asedio de los vascos, aun con diez, que habría acabado en tragedia de no haber mediado la manopla salvadora de Courtois y, en la misma jugada, el gol de la tranquilidad de Karim.
Fotografías: Getty Images.