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Opinión·28 de agosto de 2019

Real Madrid: La Gran Evasión

A

Athos Dumas

Hace unos días se publicó en La Galerna un texto mío sobre el cine de verano y en el que mencionaba de paso una de mis películas favoritas de siempre, “La gran evasión”. Hoy, buceando en antiguos textos de este blog, he comprobado que ya en 2015, el maestro Nacho Faerna, el sinpar N3 de @galernafaerna , dedicó parte de un magnífico texto a esta joya cinematográfica. Si me lo permiten, voy a ahondar en ella, ya que en mi modesta opinión, esta película rebosa madridismo por sus 172 minutos de duración.

El “No te rindas nunca” (Never give up!) es más patente que nunca como leitmotiv del madridismo y es la brújula que dirige todos los movimientos de los presos del Stalag Luft III, el campo de concentración alemán en 1943 de donde es materialmente imposible fugarse, como bien proclama al inicio de la cinta su comandante, el coronel Von Luger.

El film es de 1963 y no sabemos cuántos de nuestros lectores lo conocen; con lo cual trataremos de evitar cualquier tipo de “spoiler” - o como decíamos en mi juventud, “destripar” el final de un libro o de una obra de teatro - ya que sigue mereciendo mucho la pena verla por primera vez - o por octava, como he hecho recientemente.

Entre los potenciales presos dispuestos a fugarse tenemos de todo: oficiales británicos, australianos, americanos, cada cual con sus peculiaridades muy bien marcadas (el guion de Clavell y Burnett es magistral).

Gran X (el comandante Bartlett, encarnado por Richard Attenborough) es el oficial de los ejércitos aliados que más veces se ha escapado de un campo de prisioneros. Es un líder nato, con una inteligencia preclara y además es políglota. Todos los personajes giran en torno a sus miradas, a sus gestos, a sus parcas palabras.

El capitán americano de la US Air Force, Virgil Hilts (Steve McQueen) es la viva encarnación del madridista insatisfecho, dispuesto a cumplir su misión (en este caso fugarse) una y otra vez, sin desmayo. A veces sin plan definido, como el estilo de juego del Real Madrid, que no juega a nada ni tiene estrategia ni tiene nada de nada, pero que intenta una y otra vez, sin desmayo, lograr su objetivo: fugarse o, en el caso del Madrid, simplemente ganar, sin florituras, sin aspavientos, sin palmeros que le jaleen por todo lo que hace. El capitán Hilts se pasa la mitad de la película en el calabozo, con su guante y su pelota de béisbol, ideando la próxima fuga del Stalag Luft III.

Otro oficial americano es el teniente Hendley (James Garner), apodado “el proveedor” ya que es capaz de conseguir todo tipo de material para ayudar a las posibles fugas.

James Coburn es el oficial australiano Sedgwick, “el fabricante”, y es capaz de fabricar cualquier tipo de herramienta que sirva para la evasión.

Danny Velinski (Charles Bronson) es “el rey del túnel”, un especialista en excavar y que elige el mejor tipo de terreno para ello. Como todo héroe, tiene su talón de Aquiles, que no es otro que una angustiosa claustrofobia. Este defecto también será en parte subsanado merced a la buena tarea de trabajo en equipo.

“El falsificador” es el oficial Blythe (Donald Pleasance), un ser excepcional capaz de fabricar sin apenas medios todo tipo de documentación (pasaportes, salvoconductos, sellos) que sirva para los evadidos una vez fuera de la prisión. Este personaje es de los más entrañables de todos ya que poco a poco va perdiendo su visión, y el grupo, en lugar de apartarlo por sus deficiencias físicas, se une en torno a él para ayudarlo y salir adelante.

Y así podríamos seguir muchos párrafos más describiendo a toda una serie de personajes entre los prisioneros (los de Gordon Jackson, David McCallum, Nigel Stock, Angus Lennie...) todos ellos dedicados a trabajar por el bien común, por el equipo en definitiva, y todos aportando: conocimientos, habilidades, dominio de otros idiomas, fuerza, tenacidad, templanza, sangre fría, saber tratar al enemigo/rival/contrincante y, sobre todo, dar muestras permanentes de solidaridad y de empatía, en definitiva, ponerse siempre en la piel de los demás compañeros.

Obviamente, aquí no vamos a “destripar”  “La gran evasión”, obra maestra del gran John Sturges (director también de “Los siete magníficos”, “Duelo de titanes” o “Ha llegado el águila” entre muchas otras), pero en momentos como el que está pasando actualmente nuestro amado club, sería interesante que todos (directivos, cuerpo técnico, jugadores y aficionados) arrimáramos el hombro todos a la vez, dejando nuestras diferentes opiniones a un lado, y mirásemos hacia un objetivo común, como en la película, todos a una, aportando cada uno con lo que pueda, para tirar para adelante el proyecto.

¿Quién no recuerda la célebre liga de la remontada de Capello? ¿Acaso no logramos ganar la liga con jugadores que difícilmente están en nuestro ideario futbolístico? Mahamadou Diarra. Émerson Ferreira. Fernando Gago. Antonio Cassano. Roberto Carlos y Fabio Cannavaro en su decadencia, ya con 34 años. Miguel Torres (¡jugó más de 20 partidos!). El malogrado José Antonio Reyes. Un imberbe Higuaín de 19 años. Cicinho. Y otros más. Pues bien, todos aportaron algo aquel año. El juego desarrollado fue espantoso, infumable, nadie recordará tres jugadas buenas aquella temporada, quitando algunas pinceladas de Van Nistelrooy, de Guti, de Robinho o de Raúl. Pero la liga se ganó. Y todos recordamos el empate a 2 de Ruud en Zaragoza (más el “Tamudazo” en el Camp Nou) y los goles de Diarra y de Reyes al Mallorca.

Y es que la clave es que fuimos un verdadero equipo. Como el que lideraba Attenborough en “La gran evasión”, con la mezcolanza de varias idiosincrasias inglesas, australianas, escocesas o americanas. Con los defectos de algunos y las destrezas de otros. Todo bien aderezado, condimentado y homogeneizado. Teniendo a Benzema, a Bale, a Vinicius, a Kroos, a James, a tantos otros, y liderados por nuestro Gran X, Zidane, el único entrenador que ha sido capaz de ganar consecutivamente 3 Champions, ¿de verdad nos vamos a rendir un 28 de agosto?

¿Y todo porque no viene Neymar?

Por favor.

Que alguno que esté deprimido se mire la liga de Capello o “La gran evasión”.

Yo, desde luego, no me rindo.

Les dejo, que me pongo a escuchar la maravillosa banda sonora de Elmer Bernstein, capaz de hacer creer a un madridista que Mahamadou Diarra (¡Mahamadou!) nos dio una liga imposible.

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