Real Madrid: una película de terror
Antonio Hualde
F. C. Barcelona, Atlético de Madrid, Valencia y Sevilla tienen en su haber algo de lo que carece el Real Madrid: varios de los que han sido sus presidentes están o han estado en prisión por toda suerte de delitos. Son, según el diccionario de la RAE, "delincuentes". Uno de ellos, Jesús Gil, acuñó el término “galácticos” para referirse despectivamente a una de las mejores plantillas de la historia del fútbol. Roberto Carlos, Raúl, Ronaldo, Beckham, Figo, Casillas y un tal Zinedine Zidane hicieron las delicias de propios y extraños, generando tanta admiración como envidia en los mismos mediocres de siempre.
El club ha vivido permanentemente entre los focos, siendo -mal que pese a muchos- protagonista estelar de un fútbol de película. Punto. Digo esto porque mientras el resto se dedica a cuestiones externas y extrañas, lo nuestro es ganar títulos en el plano deportivo -no olvidemos el baloncesto-. Si el Barça es “más que un club”, lo nuestro es el Real Madrid “y nada más”. Esto es menos obvio de lo que a primera vista pueda parecer, en especial desde la órbita barcelonista. Veamos.
Buena parte de la masa social del Barça radicada en Cataluña sintoniza con el independentismo, lo cual es de todo punto respetable. Allá cada cual con sus ideas. En el Madrid, el Atleti o el Valencia lo que importa no es votar a quien sea, sino los colores del club. Sin embargo, en la directiva del Barça llevan tiempo significándose con este tema. Reitero, allá cada cual con sus opiniones, pero esto es deporte, no política. Además, hay catalanes culés que se sienten muy españoles -no digamos fuera de Cataluña- y a los que les repatea esta deriva ultra. Con toda la razón.
Si fuera el Madrid quien tomase partido por un determinado posicionamiento político, ya lo estarían juzgando por crímenes de lesa humanidad. Pero es el Barça, y todo vale. Esto me lleva a hablar de otro tipo de películas gore de serie B, protagonizadas por los galácticos -y los que aspiran a ello- del periodismo deportivo. Dura ya demasiado la barra libre de acoso y derribo mediático al madridismo, en especial la que se dice “prensa objetiva”. Al menos, el llamado “periodismo de bufanda” -José Ramón de la Morena con su Atleti, Emilio Pérez de Rozas con su Barça- va de lo que va, sin esconderse. Recientemente, Isco puso el dedo en la llaga al denunciar la doble vara de medir de Juanma Castaño en la COPE, denostando -es práctica habitual en su programa; muchos hemos dejado de oírlo por eso- al Real Madrid tras eliminar al Bayern cuando el año pasado por las mismas fechas obviaba el atraco del Barça al PSG tildándolo de “gesta heroica”. Y hace dos noches Isaac Fouto, el chico de los árbitros e igualmente antimadridista, insultaba gravemente a Siro López por poner el evidencia la nefasta actuación de Hernández al cuadrado en el Clásico.
Lo reconozco: tan cansino me resulta hablar de los árbitros como del antimadridismo de la prensa deportiva, pero es que alguien tenía que hacerlo. Hasta que llegó La Galerna, parecía un tema tabú. La culpa, en buena medida, hay que echársela a la propia institución, que no se ha dado cuenta de que los tiempos de obviarlo todo pasaron, y que ahora urge defenderse. Yo, que no soy sospechoso de ser mourinhista -más bien al revés-, sí que aplaudo aquel gesto suyo al comparecer en una rueda de prensa con una lista de 22 errores arbitrales que le habían facilitado desde el club para que él los denunciase. El entrenador ha de dedicarse a entrenar; para defenderse de tanto ataque ha de haber otro u otros.
el club no se ha dado cuenta de que los tiempos de obviarlo todo ya pasaron
En realidad, quizá sea una mera cuestión de envidia. El Madrid es universal. Sus secciones de fútbol y baloncesto son las más laureadas del planeta, centrándose únicamente en la excelencia deportiva. Ningún presidente suyo se ha pegado con otro en público. Tampoco ha protagonizado realities en un jacuzzi rodeado de señoritas ligeras de ropa, o ha sido encarcelado por delitos varios. Ninguno de sus jugadores se ha posicionado abiertamente con opciones políticas que quisieran romper España, o ha sido imputado por el amaño de partidos. No necesitamos ser más que un club, ni tenemos que responder a un niño porqué somos del Madrid apelando a un embarazoso silencio. Estamos orgullosos de formar parte del mejor club del mundo por méritos propios. Estamos igualmente hartos de tanta inquina, victimismo y animadversión. Y ya está bien de dejarlo correr; eso se acabó.