Regalos de Reyes
Van Cleef
Días después del 6 de Enero, unos niños se reunían en un parque de la ciudad para comentar los regalos que los Reyes Magos les habían traído. Ninguna de sus caras reflejaba una gran alegría al respecto, por lo que cabía esperar que probablemente no habían sido del todo de su agrado. El primero en hablar del asunto fue Pedrito.
- A mí me trajeron una camiseta del Barça -dijo con gran tristeza.
- ¡Pero si tú eres culé! Deberías estar muy contento -se extrañaron sus amigos.
- Sí… Pero me trajeron la de Semedo -explicó limpiándose las lágrimas con sus manitas.
- Lo sentimos mucho, Pedrito -le consolaron sus compañeros dándole palmaditas en la espalda.
- Por si te sirve de consuelo -le dijo Emma, que era una niña muy colchonera- a mí me trajeron un pagaré...
- ¿Un pagaré? ¿Qué es eso? -preguntaron todos con curiosidad.
- ¡Un cacho de papel! -respondió la pequeña Emma con irritada desolación- Dicen que es como una especie de recibo que justifica que alguien te debe algo. Pone: "El portador del presente documento tiene derecho a reclamar una Champions League".
- ¡Pero eso es muy guay, Emma! ¡Quiere decir que te deben una Champions...!
- Sí, ¿pero cuándo me la darán? ¡Yo la quiero tener ya en mi vitrina! -sollozó la pequeña desconsoladamente. Sus amigos no sabían qué decir para animarla...
- Pues a mí me han traído un fichaje -interrumpió Iñaki, que era hincha del Athletic de Bilbao. Su semblante se mostraba un tanto enfurruñado.
- ¡Eso es fantástico, Iñaki! -exclamaron todos con emoción- ¿Pero por qué lo dices con tanta tristeza, pues? Si el fichaje es bueno te ayudará a no descender de categoría.
Iñaki comenzó a hacer pucheritos, que fueron in crescendo y al final terminó gimoteando amargamente.
- Pero Iñaki... ¿Qué le ocurre a tu fichaje...?
- ¡Que no es vasco! -sollozó ocultando el rostro con sus pequeñas manos.
Todos comprendieron su amargura y corrieron a darle un abrazo para intentar consolarle. Después de un rato, Carlitos (que era el madridista del grupo) se separó cabizbajo de sus amigos con las manos en los bolsillos, mientras distraídamente iba lanzando puntapiés a cualquier piedra o papelote que encontrase en su camino. Los demás se fijaron en él y vieron que también estaba bastante alicaído.
- ¿Y a ti qué te trajeron los Reyes, Carlitos?
- Nada -respondió con mucha desgana.
- ¿Cómo que nada? Algo te habrán traído. Dínoslo.
- Psssch... Un VAR -dijo con gesto de desagrado.
- ¡Un VAR! ¿Un kit completo de VAR?
- Si...
- ¡Guaauu! ¡Pero eso es estupendo, Carlitos! ¡Era lo que tú querías! ¿Y por qué parece que no te gusta?
- No es lo que yo pensaba -respondió Carlitos en tono afligido- Resulta que yo no puedo jugar con él. Lo tienen que hacer los adultos por mí. Y ni siquiera juegan con él cuando yo se lo diga. Lo hacen cuando a ellos les da la gana, sin consultarme a mí para nada... ¡Y creo que me hacen trampas, porque casi siempre pierdo yo la partida!
- ¡Pero eso es injusto! Se supone que el regalo era para ti; para tu disfrute...
- Pues no. Solo lo disfrutan ellos. Y si protesto, me expulsan de la habitación en que se esté jugando y me mandan a mi cuarto. ¡Y encima me dicen que eso viene bien escrito en las reglas del juego del VAR! ¡Y que si no me gusta, se lo devuelven al rey Gaspart y me quedo como estaba antes...! ¡Y no sé qué es peor! -Exclamó Carlitos con impotencia.
Los cuatro amigos se miraron los unos a los otros comprendiendo que compartían sendas decepciones y se abrazaron de nuevo, consolándose mutuamente por lo mal que se habían portado los Reyes Magos con todos ellos.
