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Destacados·12 de enero de 2024

Romance de Morata

J

John Falstaff

Es Morata futbolista

De copete y gran tronío,

Delantero metegoles,

Aun con cara de estreñido,

Marca tantos con la espalda,

Con la diestra, el colodrillo,

Con la testa, rabadilla,

Y también el pinganillo.

 

Ha pasado por mil clubes,

Mil estadios, mil equipos,

Y con todos él soñaba

-¡Qué caprichos del destino!-,

Con el chup-chup del chupete

Musicándole el hocico

De lactante, mamoncete

Visionario y creativo.

 

Ahora parla colchonero,

Que es idioma muy sentido,

El lenguaje de los indios

Por los blancos no entendido,

Que al perder le dicen gloria,

Honor, fama, feliz brillo,

Y se jactan muy ufanos

De ser losers presumidos.

 

Rojo y blanco son por tanto

Los colores moratinos,

Su pasado madridista

Bajo llaves escondido,

Abjurado, renegado.

¡Fueron años tan baldíos;

El Madrid, tan exigente;

Los laureles, tan esquivos!

 

Impaciente, descontento,

Con el ceño muy fruncido

Cejijunto, compungido

Pidió irse, ser vendido,

Y sus huesos acabaron

En las calles de Torino

¡Qué loor de multitudes,

Qué ilusión de rosa y vino!

 

A despecho de constancia

-fue dos veces juventino-,

Ay, las cosas no salieron

Como hubiese preferido,

Y así, vecchia la signora,

Tan distante de su estilo,

Ver no supo la belleza

De su fútbol de pestiño.

 

Un avión llevóle a Londres,

Hombre audaz y decidido,

A buscar nuevos honores

Bajo escudo chelseatino,

Y comiendo magdalenas,

Del así tiempo perdido,

Pues los British son muy suyos

No hay allí quien hile fino,

 

Que conducen por la izquierda,

Llueve mucho, hace frío,

Beben, ay, vino caliente

Y hablan raro y sin sentido.

“¡Qué locura, qué desgracia,

Un sindiós, un desatino.

Ya no quiero marcar goles,

Sólo ya tengo un pedido:

 

Volver pronto a los Madriles,

A los callos y a mi equipo,

Que de Murcia es Aladino,

Y de Memphis, Malakito”.

Y al calor del Manzanares,

Junto al Cholo renegrido

-negro traje, testa negra-

Regresó muy enternecido.

 

Ya no brama la tormenta

Sobre el mar embravecido,

Que ha encontrado nuestro hombre

En el Wanda cerecino

Un hogar, una familia

Y el descanso merecido:

La afición le quiere mucho

Y él golea agradecido.

 

Mas el fin de aquesta historia

No es feliz, más bien jodío,

Pues Morata, aunque golea,

Falta ha de regocijo.

¿Qué razón, qué desventura

Ocasiona el desvarío?

¿A qué mal de ojo o hechizo

Obedece el sinsentido?

 

Uno piensa y uno acaba

Que no hay tal, amigos míos,

No es embrujo ni es hechizo,

Lo que ocurre es conocido:

El Atleti, vulgo el Pupas,

Sabe bien que su destino

Es la envidia y es el fiasco,

El llorar por lo perdido.

Va Morata, nuestro hombre,

Muy pimpante y regordío,

Y al Girona, tan crecido,

Con tres goles le hace un trío.

Mas el gozo dura poco,

Que el Atleti es conocido

Por obrar grandes milagros

Que le pierden los partidos.

 

Ahora un hombre feo y negro,

Mas de blanco revestido,

Alevoso le ha agarrado

De improviso el pezoncillo,

El ring-ring puesto en la teta,

Que nos da al roce gustito.

Con sus dedos lo ha pinzado

Sin pudor ni señorío.

 

¡Qué descaro, qué indecoro

Dar ahí tal pellizquito,

Pues en zona tan sensible

Mucho duele ese repizco!

Ni tarjeta ni repruebo

Mereció tal desatino,

Desafuero, canallada,

Felonía de morisco.

 

Y así anda el buen Morata

Con su gesto desabrido:

La injusticia del pellizco

Y el desmán de su vecino

A su rostro afloran luego

El semblante de estreñido.

Y don Alvaro se enfada,

Que es la fuerza de su sino.

Rüdiger y el pez grande 

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