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Opinión·17 de mayo de 2018

Rubiales, Villar y el Generalísimo

F

Fred Gwynne

El Caudillo abrió bruscamente la puerta de la sala y todos lo ministros, al unísono, con  una coreografía ensayada hasta la extenuación, chocaron sus tacones y se cuadraron como si fuesen una única persona. Llevaban más de dos horas esperando, nerviosos, cuchicheando por la tardanza mientras encendían un cigarrillo tras otro. Franco, en medio de un espeso silencio en el que solo se oía el crujido de sus pisadas en el suelo de madera, se acercó a la mesa y tomó asiento. A continuación, después de darles permiso con un leve movimiento afirmativo de su cabeza, todos hicieron lo mismo. Ninguno de ellos se quejó. Ninguno dijo ni una sola palabra.

Pasaron unos eternos segundos en los que Franco, después de atusarse el bigote con sus dedos, miró uno a uno a los ocho ministros sentados a la mesa. Todos bajaron la mirada, varios carraspearon, uno se sobrepuso a una pequeña arcada y Arminio, el Ministro de Deporte, el más cercano, el que se sentaba a la derecha de Franco, notó entre temblores cómo una gota de sudor resbalaba desde su frente al portafolio. Si en aquel momento alguien le hubiese pinchado con un alfiler no hubiese sacado ni una gota de sangre. Cuando escuchó la voz de Franco se relajó y sintió una oleada de bienestar tan intensa que tuvo que apretar fuertemente la mesa con sus manos para no desmayarse.

-Señores, esta misma mañana, Don Santiago Bernabéu, uno de los mayores patriotas de este país, ha venido a visitarme y a pedirme un favor. Como ya sabrán el Real Madrid lleva ocho años sin ganar un título y necesita un pequeño empujón, una ayudita extraoficial que vuelva a poner al equipo en la senda del triunfo y revierta esta injusta situación. Eso sí, como comprenderán, dado lo delicado de esta demanda, me ha pedido la máxima discreción, quiere la ayuda del Gobierno pero sin que la opinión pública ni el resto de los equipos de la competición sospechen nada. Hoy les he convocado a esta reunión para elaborar un plan que nos permita conseguir tan noble fin. Les ruego la máxima concentración. ¿Alguna idea?

-¿Nadie tiene una idea?

-¿Todo un Consejo de Ministros y nadie es capaz de poner una puñetera idea encima de la mesa?

Los ocho ministros miraban al frente sin apenas parpadear. Nadie se atrevía a dar el primer paso. Cualquier error podría ser fatal. Arminio, como máximo responsable de los deportes del País, se vio señalado por las palabras del Caudillo y levantó lentamente la mano entre ligeros temblores.

-Hable usted, Victoriano.

-¿Y… y… si hacemos que el Real Madrid no gane ninguna Liga en los próximos 15 años?

-Humm…Muy bien pensado, Arminio, muy bien pensado. Así nadie sospechará nada. Es brillante. ¿Se le ocurre alguna idea más para beneficiarlos?

-También podríamos hacer que todas las Copas del Generalísimo se las repartan entre el Barcelona y el Athletic. Eso reforzaría la idea de que no les estamos ayudando.

-Perfecto Victoriano, perfecto. Y astuto. El Real Madrid tendrá toda nuestra ayuda pero para disimular haremos que no gane ni un solo título. Mañana mismo hablaré con Don Santiago para explicarle este grandísimo plan y ofrecerle nuestro total apoyo y admiración. Es usted un genio, Arminio, un genio. Recuérdeme que bautice un pantano con su nombre.

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Los treinta años del mandato de Villar casi consiguen, a pesar de que el listón estaba muy alto, igualar a los de Franco. Es una lástima que en una injusta decisión el Juez Pedraz cortase bruscamente esta larga y exitosa racha metiéndolo en la cárcel.

Muchas madrugadas en la Federación se veía una lucecita encendida, como si su despacho estuviese en El Pardo y Villar velase incansable por todos los madridistas. A veces Arminio, a lomos de una elegante moto americana, con una cazadora negra de cuero y unas gruesas gafas de aviador, salía rumbo al Bernabéu, veloz, rompiendo el silencio de la noche, con alguna orden ministerial dentro de un maletín grabado con sus iniciales.

Franco, gracias a su astuto plan y a varias medallas de oro y brillantes, consiguió beneficiar al Madrid haciendo que durante quince años, hasta la llegada de Di Stéfano, no ganase ni una Liga. Villar, siguiendo su ejemplo, ha conseguido, entre otros muchos logros, que el Barcelona gane más títulos durante su mandato que en el resto de su historia y siete de las últimas diez Ligas. Nadie sospechará nunca de su madridismo. Los dos han elaborado planes perfectos, infalibles, desde El Pardo hasta Las Rozas. De lucecita a lucecita. Se trata de beneficiar al Madrid haciendo que sea el Barcelona o cualquier otro equipo el que gane los títulos. Solo los más avezados, culés y atléticos con mentes preclaras, se dan cuenta de la astucia de esta magistral jugada.

-Otra Liga para el Barça. Ya está bien, siete de diez, ya les vale, putos madridistas. ¡Cómo se nota que Villar es merengón! ¡Qué vergüenza!

-Eso, que disimulen un poco, joder. Oye, por cierto, a los del Atleti, ¿cuándo nos toca?

-Ya ganasteis una, no sé si decírtelo pero creo que molestáis…

-No nos pueden entender.

¿Qué mierda de ayuda es esa que hace que tu eterno rival gane cinco Copas del Rey seguidas o siete Ligas de diez? ¿Cómo se beneficia al Madrid no pitando un penalti al Barcelona en 80 jornadas? ¿En qué cabeza cabe que Villar o Arminio ayuden al Madrid mientras los títulos se los lleva el Barça?

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Los oscuros tiempos de Villar (a expensas de lo que decida el Juez) han terminado. Fin. Se acaban de celebrar los comicios a la Presidencia de la Federación Española de Fútbol entre Juan Luis Larrea, el que ha sido tesorero de la Federación los últimos treinta años, alias “¿Elecciones? ¿A qué te refieres?” y Luis Manuel Rubiales, el anterior Presidente de la AFE y según algunos medios uno de los delfines de Villar antes de su detención.  Si las informaciones que he leído son correctas, en esta votación seis de los Presidentes de las Federaciones territoriales encausados en la Operación Soule más el inhabilitado vicepresidente Juan Padrón (sí, el mismo, ese al que el Juez Pedraz envió a la cárcel de Soto del Real) han podido ejercer su voto sin ningún tipo de impedimento legal. El verano pasado dimitieron de sus cargos en la junta de la RFEF y ya no pueden ser suspendidos. Al seguir siendo asambleístas, y no haber sido todavía juzgados, pueden ejercer su voto con total normalidad.

El ganador ha sido Rubiales. Y en La Galerna le damos la bienvenida. De corazón. Le deseamos toda la suerte del mundo. La va a necesitar. Ojalá acabe con toda la corrupción y empiece una nueva forma de gobernar, menos opaca, sin clientelismos, más justa y alejada de ese rancio olor a naftalina que ha desprendido la Federación estas décadas. No necesitamos un soplo de aire fresco, necesitamos un huracán que arranque desde los ceniceros hasta los cimientos de esa institución.

Por último, un ruego, Luis: para no abusar de este maravilloso periodo histórico del que hemos disfrutado con Villar al frente de la Federación, te pedimos que a partir de ahora los árbitros ayuden al Barcelona y las Ligas y Las Copas las gane el Real Madrid.

Con Franco y Villar ya hemos tenido suficiente ayuda.

¡Ánimo, Luis! ¡Tú puedes! ¡Bienvenido!

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