Sea Rafa Nadal el Real Madrid
La Galerna
Hola a todos. Hace escasos días, Mario de las Heras escribía en estas mismas páginas un fantástico artículo titulado “El
Real Madrid no es Nadal”. En dicha pieza nuestro ilustre colaborador, a la par que glosaba la figura descomunal del balear, lamentaba el hecho de que el Real Madrid haya perdido, en los últimos tiempos, gran parte de la determinación y el carácter indoblegable que caracteriza al tenista.
Nadal es por supuesto el Real Madrid de tenis. Así ha sido bautizado por la sabiduría y el ingenio populares, tanto a causa del propio madridismo del interesado por la identificación entre los valores de uno y otro. Sin embargo, viene a decir Mario, y aun a sabiendas de que Nadal es el Real Madrid de tenis, no está tan claro que el Real Madrid sea el Nadal del fútbol, y es a eso a lo que debe aplicarse el club.
Sí, amigos. No solamente el club debe fichar a los mejores para volver a hacer un equipo campeón (y fichajes como Jovic y sobre todo Hazard apuntan a que las cosas se están haciendo bien en ese sentido), sino que debe mejorarse la cultura interna de la institución para que el Real Madrid sea reconocible como esa figura que, triunfal o no (preferentemente sí) sea vista exangüe al final de cada partido, tendida boca arriba sobre el césped, en un agotamiento salvífico.
No es fácil, evidentemente. Media un trecho inmenso entre forjar un carácter pétreo en una persona y hacer lo propio en una entidad que tiene en nómina múltiples empleados, algunos de los cuales generan de forma casi autónoma niveles de ingresos que les convierten en multinacionales sobre dos piernas. Pero no otro puede ser el modelo.
Rafa Nadal, el mejor deportista español de todos los tiempos, podría ser del Mallorca, del Southampton o del Cáceres. Pero resulta que es del Real Madrid. Puede ser anecdótico, pero hay anécdotas que rebosan fuerza simbólica. El madridismo no pretende apropiarse de Nadal (es de todos los españoles que lo tientan como suyo, más aún: es de todos los amantes del deporte que lo sientan como suyo), pero en cambio sí debería Nadal -su espíritu- apropiarse del Real Madrid.

Enhorabuena a Rafa por su duodécimo Roland Garros. Es un registro imbatible que le confirma, por si hiciera falta, como el mejor de todos los tiempos. Como maravillosamente indica la portada de Marca, son doce ya, lo que sitúa al manacorí a un solo título de igualar al Madrid (Roland Garros es la Champions del tenis). El Real Madrid debe tomar nota y aplicarse. No puede consentir que un solo hombre iguale una marca que se ha labrado con el paso de las décadas. A Nadal, por su parte, habría que pedirle que se modere. Claro que la razón para moderarse sería el madridismo, y sin embargo es el propio madridismo de Rafa el que por definición destierra cualquier posibilidad de moderación en el ansia de victoria. El madridismo de Rafa Nadal (entendido literalmente, aunque sobre todo como ideal) le preserva de todo conformismo. Sea Nadal el Real Madrid.
Sea Real Madrid el Real Madrid.
Pasad un buen día.

