Señalar está feo
Mario De Las Heras
Antes de que se produjera, todos pudimos advertir el gol de Soler. Allí abajo el único que parecía haberlo visto es Asensio, que ya había marcado un gol tremendo por la conducción y por la serenidad y por la ejecución. El robo a los tres cuartos y la jugada clarividente. la inclinación del cuerpo para el golpeo. Es como billar. La bota es el taco y el cuerpo es el palo y la cabeza la del Gordo de Minnessotta. Decía que Marco se lo estaba señalando a Carvajal. Que Toni Lato, ese desesperado, se le iba a ir por la espalda.
El Valencia de Marcelino es menos Valencia, y lo digo como elogio. Puede uno hasta cogerle cariño si no fuera por esa camiseta y si no jugara contra el Madrid. Isco estaba jugando un poco como un VHS gastado de los que al final se arreglan. Lástima de mareo. Una mezcla entre congelación y niebla su juego en la primera parte, pese a las cuales todo el mundo (bueno, no sé si todo el mundo) pudo disfrutar de su belleza. Me pasa que me crezco con los pitos a Benzema. Me siento especial por no pitarle nunca y por pensar igual que Zinedine Zidane. Por verle fallar en el remate y gozar con la esperanza de que lo conseguirá mientras construye el juego. El fallo en Benzema es una hermosura porque nadie (no muchos) parecen ver su trabajo, su importancia. Es como el canto de los pájaros anunciando el día. Pero hay gente que pita, como si quisiera que llegara pronto la noche sin disfrutar no ya de Benzema sino de su mismísimo Madrid.
Me siento especial por no pitar nunca a Benzema y por pensar igual que Zidane
El Madrid hace muchas cosas bonitas, y me da la impresión de casi todas salen del previo rigor de Casemiro. Un rigor aplastante que la locución trata de disminuir en un momento rasgándose las vestiduras por una entrada que no se correspondía con los aspavientos. Mientras trato de aplacar mi hartazgo de estas cositas con aire de miserabilidad de las que viven algunos, me da por pensar en que los pitos a Karim, los pitos a Gareth o a cualquiera, en realidad son pitos a Zidane sin que se sea demasiado consciente de ello. Señalar está feo. Alguno pensará que en el minuto setenta, con uno a uno en el marcador, es lógico cogerse la rabieta. Pero entonces es que no sabe nada. Como si no hubiera visto nunca nada. Con la de cosas que hemos visto, sólo en estos dos últimos años.
El partido del Madrid es estupendo. Y el Valencia es bueno. Más que bueno es analítico, lo cual es decir que no es esa maravilla que canta la locución. Tampoco lo es Parejo. Son pasmosas las actuaciones de Modric, Carvajal, Benzema, Keylor, Asensio, Nacho, Casemiro, Marcelo. Lo de Asensio lo dice el tal Maldini con pena de Arias Navarro. Yo pienso que es estupendo, como el partido, lo que ha sucedido con este empate. Zizú le sonríe a Marcelino y Marcelino le sonríe a Zizú. El espíritu está intacto. Qué emocionantes las revoluciones de Kovacic. El espectáculo último de Marco, la tijereta, la conducción, el taco, el palo, el golpeo. La cabeza del Gordo de Minnessota.