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Opinión·1 de octubre de 2019

Sergio Ramos no es Canelita

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Quillo Barrios

Se ha instalado en el madridismo una corriente que trata a Sergio Ramos como si fuera un mal capitán, un peor ejemplo y un futbolista sobrevalorado, como si la historia no respaldase su trayectoria o si el entorno, a veces distorsionado, pesase más que aquellos partidos en los que fue el mejor por el simple hecho de ser el mejor.

Esa corriente dibuja un Sergio Ramos innecesario, casi tóxico. Si dices que su partido en Amsterdam fue el mejor de un futbolista en toda la Champions League, la respuesta más inmediata es que se borró para la vuelta, como si eso dejase sin efecto una de las mayores exhibiciones individuales de la historia de la competición. Si dices que una amarilla es injusta, dirán que tendría que haberse ahorrado la entrada. Si comentas que un compañero falló, posiblemente encuentres una réplica absurda comentando que Sergio Ramos no hizo lo necesario por arreglarlo.

Soy el primero que critica al camero por sus declaraciones cuando sonaba Antonio Conte -aquellas sobre el respeto-, por ser demasiado tibio a la hora de defender al Real Madrid ante los ataques mediáticos o los arbitrajes injustos o por desaparecer en algunos partidos de aroma otoñal. Sin embargo, hay quien le atiza hasta por una serie en Amazon en la que, dicho sea de paso, se muestra sereno, implicado y muy madridista. ¿Demasiado empalagoso y muy exagerado? Sí. Pero una cosa no quita a la otra.

hay quien le atiza hasta por una serie en Amazon en la que, dicho sea de paso, se muestra sereno, implicado y muy madridista.

Lo peor de las críticas absurdas -a Sergio Ramos no se le analiza un mal partido igual que al resto o no se desgranan sus fallos con el mismo tono que a los demás- es el hecho de acompañarlas con el apodo de "Canelita". Es como si necesitasen el menosprecio para potenciar sus palabras. No hablamos de un jugador cualquiera, sino de uno de los hombres más importantes de la historia del Real Madrid. Un futbolista cuyo impacto en el juego del equipo es brutal y que convierte su ausencia en un problema capital -a las pruebas más recientes me remito-. Quizá por eso me llama tanto la atención ver cómo algunos lo tratan como si fuera un estorbo o alguien prescindible. Será prescindible, sí, pero dentro de unos años, no ahora que es el mejor en su puesto.

Volviendo a lo de la vara de medir que se utiliza cuando se analiza su rendimiento, obviamente al mejor hay que exigirle como tal, pero también ensalzar su figura con justicia y no con reservas o fobias. Cuando Sergio Ramos se pone la camiseta del Real Madrid y salta a jugar, lo que menos pienso es en qué dirá por detrás su hermano -y representante- o si hace meses hizo esto o lo otro. Me limito a disfrutarlo -o a sufrirlo, según la versión- e intento ser honesto, ya que, y aquí me voy a repetir, es uno de los mejores de la historia del club.

Sería fantástico que todos aquellos que dan lecciones sobre cómo sentir y predicar el madridismo tratasen a Sergio Ramos como un futbolista legendario y no como un saco de boxeo al que le queda bien un mote. No sé quién es Canelita, pero sí sé que el capitán del Real Madrid no lo es.

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