Sergio Ramos no mató a Manolete
Daniel Calle
A menudo, cuando leo algunas páginas de la prensa deportiva, me pregunto si la profesión está suficientemente preparada para contar la verdad o, al menos, para rectificar un error. El fallo es tan humano como la vida, pero aceptarlo es tan difícil como la muerte.
Este miércoles, Sergio Ramos tuvo que hacer aquello que debían hacer otros. Con un vídeo de 20 segundos demostró que él no solo no pisó a nadie en el España-Inglaterra sino que Sterling, alumno de Guardiola, se revolcó por el suelo del Villamarín sin honestidad alguna. A nadie se le ocurrió pensar que el buen futbolista inglés podría estar exagerando (cómo se puede pensar eso de un jugador de Pep), sino que la simple presencia allí de Ramos le hacía a él culpable de que el rival estuviera dando vueltas por el suelo.
En Inglaterra, todos saben la verdad pero viven felices en la mentira. Sergio es culpable de la lesión de Salah, de los fallos de Karius y también, por supuesto, de los más de 50 años que lleva el país británico sin ganar nada reseñable. Todos saben que Salah se lesionó, tristemente para el espectáculo, en un choque fortuito. Todos saben que Karius era (y es) un portero de nivel bajo al que aquel día pudo la majestuosidad del partido. Pero nadie se atreve a decirlo. Al contrario, alentados por un Jürgen Klopp con una alarmante fijación con Ramos, se crea la absurdez de que el central fue a lesionar a un compañero de profesión para así tener más opciones de ganar, y de que el portero sufrió una conmoción que desapareció minutos después para hacer dos buenas paradas en Kiev y reapareció a los cuatro meses en un partido en Turquía.
Que ocurra en Inglaterra se puede entender, al final es lógico intentar encontrar un culpable ajeno a sus 'quiero y no puedo'. Está bien desahogarse con alguien en forma de silbidos. Sin embargo, la campaña contra Ramos llega desde una España a la que parece solo gustar defender a los que visten de un color y no de otro. Él, por ejemplo, también ganó dos Eurocopas y un Mundial con España y fue pieza clave de la generación que hizo felices a millones de españoles. Es curioso ver cómo a muchos jugadores se les protege por toda la alegría que trajeron y cómo a otros se les detesta sin el beneficio del DNI. No tuvo suerte Ramos de nacer en un pueblo pequeñito ni de marcar el gol que vale un Mundial. Qué es eso comparado con más de diez años de entrega por su país, siempre comprometido con la selección, liderándola en los momentos más duros.
"Sergio Ramos es el futbolista más violento de la historia del fútbol español", dicen por ahí como si quien afirma tal mentira pudiera decir quién es el segundo de la lista. Ramos tiene un handicap. Él no se calla. No es políticamente correcto. Va a cara descubierta, en las buenas y en las malas. Y por eso paga todo lo que hace. Sus excesos son rojas y sus faltas, amarillas. Y de ahí los datos de tarjetas y expulsiones. Ojalá otros tuvieran su castigo y no siguieran campando a sus anchas por los campos con una escandalosa inmunidad arbitral.
Estos días, aprovechando una acción manipulada, varios medios y periodistas se frotaron las manos.
Muchos se hicieron eco de lo que en Inglaterra decían y otros directamente fueron a tinta descubierta. "La acción de Ramos con Sterling que no ha gustado en Inglaterra", ASeguraba un medio. "Sergio Ramos es el jugador al que más expulsiones se le han perdonado", comentaba un Miró sin museo. "Inglaterra, indignada por el pisotón de Sergio Ramos a Sterling", se leía allí donde desprecian la palabra deporte en inglés. "Indignación en Inglaterra por un pisotón de Sergio Ramos a Sterling: ¿Agresión o descuido?", se preguntaban en la cadena cuyo nombre coincide con el que luce Ramos en su camiseta del Madrid. Todo era una mentira. Ramos ni había tocado a Sterling.
Sirva como ejemplo José Joaquín Brotons, 'maestro de periodistas', que pagado con nuestros impuestos se indignaba porque la tv pública tenga la osadía (¡qué milagro!) de preguntar si se debe pedir perdón a Ramos por acusarle de lo que no hizo. Qué es eso de rectificar y aceptar el error. Si se ha dicho que el malo de Sergio pisoteó a Sterling es que lo pisoteó. Y que nadie venga a desmentirlo. Para insultar a Ramos, todo vale.
Quizá Sergio cometiera ese delito tan peligroso en un país tan envidioso como este: ser el mejor central del mundo, un referente para España y un futbolista descomunal. Y, sobre todo, tuvo la jeta muy grande. Qué es eso de marcar un gol en el último minuto de una final que deja al equipo de todos sin la Champions que le debe el fútbol.
En estos tiempos de preocupante demagogia, haríamos bien en mirar el DNI de Sergio Ramos. Nació en Camas, Sevilla, no en Cambridge. Es capitán de España. Y se merece, al menos, que no le atribuyan lo que no hace. Ramos, aunque lo digan en Inglaterra y lo compremos en España, no mató a Manolete.

