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Portanálisis·21 de diciembre de 2018

Sergio Ramos y su función de Navidad

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La Galerna

Buenos días. En la función de Navidad del cole, a Sergio Ramos le ha tocado el papel de jeque. Produce algún estupor -que no llega a la desaprobación franca porque el estupor genera falta de reflejos- ver a Sergio de esa guisa en las portadas de la prensa deportiva madrileña. Ya sabemos que está en Emiratos Árabes disputando el Mundial de clubes y ya sabemos también que allá donde fueres haz lo que vieres, pero no podemos evitar una ligera sensación de frivolidad que no termina de convencernos.

No dudamos ni por un momento de que Sergio está concentradísimo en la Final del sábado, si bien esta inmersión más o menos desenfadada en la cultura local llenará de argumentos a todos aquellos -entre ellos muchos madridistas- que tienden a tachar a Sergio de fatuidad y/o ganas de llamar la atención. No es el caso, pensamos, y menos en vísperas de una Final importantísima para redondear el año completando por tercera vez consecutiva el ciclo Campeón de Europa-Campeón del Mundo, pero no conviene dar armas dialécticas al enemigo.

Afrontémoslo, por lo demás: Sergio es capaz de dar que hablar por cuestiones de indumentaria y luego ganar la Copa de Europa o la del Mundo con un cabezazo inapelable vestido de jeque, jefe sioux, rey ashanti, estibador portuario, bombero, Cid Campeador, Enrique VIII, deshollinador, Hannibal Lecter, Rocío Jurado, cobrador del frac, Sherlock Holmes, lama tibetano, Freddie Mercury en Live Aid, Jeff Bridges en El Gran Lebowski, boxeador, ganster, chef, zombie, preso con bola al pie, gondolero de Venecia, bailarín de polka y hasta futbolista del Real Madrid. Sergio está más allá de cuestiones de etiqueta, más allá de lo que opinemos sobre asuntos triviales. Tal vez se disponga a demostrarlo una vez más en el partido del sábado, donde el club se juega (insistimos) mucho más de lo que parece, se juega mucho hacia el pasado (este título reivindicaría de algún modo el triunfo de hace seis meses en Kiev, al tiempo que lo redondearía) y hacia el futuro (brindaría a Solari y sus jugadores calma sobre la que construir).

Por lo demás, la prensa cataculé celebra, bien es cierto que sin gran énfasis, y tal vez no se le pueda reprochar, la llegada de Murillo, una flamante cesión de un flamantemente suplente central del flamante Valencia que llega catapultado por unos autoelogios que nos hacen dudar de la supervivencia de una anciana abuela Murillo. "Soy rápido, inteligente, con buen pie y garra", proclama el colombiano. Suponemos que la garra no está en el pie pues en tal caso éste no sería bueno para la práctica del fútbol y no sería inteligente desvelarlo tan rápidamente. Deseamos a Murillo una feliz Navidad y todo lo mejor para 2019, donde ojalá entre con buen pie, mejor garra, rapidez que no le haga atragantarse con las uvas e inteligencia suficiente para no pecar de vanidad delante de todo el mundo, sobre todo cuando no parece haber mucho consenso para aplaudirle.

Pasad un buen día.

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