Setién y el Barça se necesitan
La Galerna
Buenos días. Ya está todo a punto para que esté todo casi a punto. Ya estiran los jugadores sus músculos, afilan sus silbatos los colegiados, desentumecen los párpados los espectadores. Ahora estos últimos contemplarán el desarrollo de la competición en el salón de su casa o en un bar, ya no en los estadios o no hasta nueva orden. Es la nueva normalidad en su vertiente futbolera. Preferíamos la normalidad antigua, al igual que nos sucede con el resto de las vertientes, pero si lo que nos queda es eso habrá que abrazarlo como lo más parecido a lo que teníamos antes a lo cual podemos optar ahora.
Dice Marca que es el torneo más atípico de la historia y dice muy bien. Si un pitoniso hubiera pronosticado en septiembre que la Liga se pararía en marzo por culpa de un virus que mataría a decenas de miles de personas, y que se reanudaría en junio, nos habríamos reído de él con saña. Pero eso es exactamente lo que ha sucedido y por eso toca incorporarse al nuevo orden, desoxidarse, quitarse las legañas y mirar. Aparentemente, no es una exigencia brutal, pero puede costar. De hecho, ahora que lo pensamos, no es una exigencia. No es obligatorio. Todo es tan marciano que está absolutamente permitido no encajar, ser perezoso, desentenderse. Si no te gusta este sucedáneo que ya se aproxima, no te acerques. Es lícito. Nosotros lo intentaremos por ti.
Sí Marca dibuja una panorámica general alrededor del balón, As pelotea en dirección al madridismo. Ya hemos advertido del visible intento de acercamiento al Madrid por parte de EDACCOD (El Diario Anteriormente Conocido Como Ouija Daily), y portadas como estas, que ponderan (con justicia) la abundancia de elementos ofensivos en la plantilla blanca así lo atestiguan. Hasta ocho jugadores opositan a acompañar a Benzema y Hazard (ambos se dan por seguros) en la reanudación ante el Eibar. Echemos cuentas: Asensio, Bale, Rodrygo, Vinicius, Mariano, Brahim, Lucas Vázquez y James (imagino que As se refiere a estos ocho, estando Jovic lesionado). Nos gustan todos. Juguemos con un 1-0-0-10. A nadie le extrañaría ya nada, pues no en vano en esa ausencia de extrañeza ante nada ya puede cifrarse la famosa nueva normalidad.
A Sport viene Quique Setién con mascarilla. Con la posible excepción de Jessica Chastain en Victoria Secret, pocas visiones más seductoras se le antojan a este portanalista para un lunes de junio por la mañana. Setién lleva mascarilla y aplaudimos su responsabilidad a la par que confirmamos que una mascarilla y un bozal cubren bocas pero no se parecen en su utilidad. La prueba es que Setién no calla ni debajo de eso. Lleva días parloteando, quejándose sin cesar de lo mal que le viene lo de los cinco cambios, de que habría querido entrenar una semana más antes de jugar y de que Abellán no dijo la verdad sobre la nueva gira de Mecano. Quique Setién encaja como un guante en la filosofía culé, tanto que a veces nos preguntamos por qué ha tardado tanto tiempo en llegar a ese puesto. Es el cóctel perfecto, con las dosis justas de victimismo, fatuidad y dogmatismo que se bendicen en Can Barça. Setién con mascarilla parece humanizarse, pero dura poco rato esa ingenua percepción. Enseguida sale a la superficie la idiosincrasia que conocemos demasiado bien y que él, pese a no haberse criado ni como jugador ni como entrenador en el entorno culé, parece haber mamado directamente de las ubres de sus vacas cántabras, ya tan célebres que hasta Fred Gwynne las entrevistó. Setién y el Barça, gane o no gane el santanderino esa liga para la cual se conjura en la portada de Sport, son una pareja que estaba predestinada a encontrarse.
Mundo Deportivo nos vuelve a repetir, por su parte, que los que están predestinados a (re)encontrarse son el Barça y Neymar. No sabemos si en el juzgado o en el vestuario, pero a encontrarse en todo caso. “Quiero ir al Barça”, reza el titular. Durante una décima de segundo, te preguntas si serán declaraciones exclusivas del carioca. Tal vez Neymar ha optado por soltar el bombazo en uno de nuestros diarios favoritos. Luego te fijas bien. “Neymar, a sus compañeros del PSG”. Ah, vale. Socorrido ejercicio de invención al que siempre podría responderse con el anonimato de las fuentes de no ser porque todo el mundo sabe que las fuentes son inexistentes. Nada más anónimo que la ausencia, hermanos galernautas.
Y con este profundo pensamiento nos despedimos hasta nueva orden.



