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Portanálisis·3 de septiembre de 2019

Sex (no) bomb

L

La Galerna

Buenos días. Zidane es un cachondo. Ayer mismo indicaba en rueda de prensa que hasta el último minuto del mercado cualquier cosa podía pasar y que, por tanto, aún podía esperarse una bomba en forma de fichaje sorpresa por parte de Florentino. “O dos”, agregó el francés, presa de un sobrevenido deshueve. Demasiado bien sabía Zizou que la plantilla estaba más cerrada que la propia caja de Valdebebas, y solo cabe colegir que se reía un poco con/de nosotros en ese comentario malicioso. Dar falsas esperanzas está feo, Zizou, no nos seas coñón, y lo cierto es que el madridismo se encuentra en su mayoría -sospechamos- entre decepcionado e incrédulo ante el hecho de que no se haya fichado más. No ha llegado bomba alguna.

Sex bomb, sex bomb. 
There’s no sex bomb.
Zizou gave us false hope 
and then Flóper makes it rot. 

No solo encaja perfectamente en la melodía del clásico de Tom Jones, sino que Marca acompaña al tigre de Gales (nada que ver con el renacido Bale) haciéndose eco de la desilusión reinante con una portada con tintes históricos.

Pues sí. Ha sido una revolución francesa en la cual, en el mejor de los casos, han quedado un montón de mariantoniettas ronroneando por los sofás del palacio, remisas a la guillotina. Pero no todo ha podido ser un “Antes de entrar dejen salir” que haya salido por la culata, sino que podrían haber llegado efectivos que harán falta siquiera cuantitativamente, dado que (por ejemplo) apenas hay centrocampistas. Podríamos parafrasear a Kubrick para dejar de preocuparnos y empezar a amar la (no) bomba, pero es que ni siquiera pedíamos una bomba. Pedíamos un Van de Beek, oiga, un Eriksen que aportara fuerza, competencia, presencia. Alguien que hiciera cuadrar las cuentas, solo ya las numéricas, no hablamos ni de calidad. Cuatro centrocampistas puros
para una temporada limita extraordinariamente tus opciones de jugar con tres, sobre todo si uno tiene en cuenta la proverbial frecuencia de lesión del jugador medio del Real Madrid. Algún día hablaremos de eso también.

Nos queda 2020, sí, como con sus trajes y sombreros de año nuevo nos recuerdan desde la portada de As Pogba y Neymar, pero cuán lejos nos lo fiáis cuando tan lejos queda también en el pasado la llegada de Hazard, la única estrella consagrada que adornó el verano. Si bien promesas como Mendy o Jovic pueden muy pronto constituir refulgentes novedades, el saldo final de la summeriana es insatisfactorio para la mayoría de los madridistas.

Solo nos resta recordar, y no es ninguna tontería, que el que más ilusiona no es necesariamente el que luego gana, y que los veintitantos que quedan ahí son a partir de este mismo momento los nuestros, con sus defectos (esperemos que aplacados por Zizou) y sus grandes virtudes (esperemos que reflotadas).

Por lo demás, es triste, y tiene algo de aciago déjà vu, el que el final del mercado nos depare el mismo y único modelo de somera alegría comparativa. Nuestro único gozo en junio fue el gol de Origi, y casi nuestro único placer de primeros de septiembre es saber que Neymar, tras planetario fracaso del Barça, no vestirá de blaugrana.

Triste consuelo, como triste nos resulta también despedir a Keylor, que se nos va al PSG. Leed a Jesús Bengoechea rindiéndole tributo y disfrutad si podéis del fin de un verano poco halagüeño.

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