She’s a rainbow
Mario De Las Heras
Que Benzema se ha liberado es algo que podemos ver noche tras noche. Lo que no sé muy bien es de qué. Puede que sea mayormente de la marmórea sombra de Cristiano. Es como si hubiera jugado toda la vida con grilletes. Y sin quejarse. Él iba por ahí arrastrando sus cadenas con sus bolas de presidiario mientras buena parte del respetable lo silbaba. Quién les iba a decir a tantos que ahí estaba su capitán. Es como lo de Francia. En Francia no quisieron preservar esa capitanía que los iba a significar. Claro que luego ganaron el campeonato como si Benzema no significara nada. Y eso a él no le importa. Bueno, probablemente sí, pero no le afecta. Benzema hace del ataque o del ninguneo fortaleza y a la vejez, viruelas. Claro que no todo en este Madrid recobrado es la Goulue imponente y descarada de sutileza.
Es la juventud del Madrid que dirige Benzema y se impulsa en Vinicius, fuente de energía inagotable. El Madrid tiene en esa banda izquierda un generador para los próximos diez años. Un generador de felicidad. Nos lo ha estado repitiendo Fredo Gwynne sin cesar todo este tiempo. Fredo tenía razón. Y desde antes de que el desdichado Lope decidiera que había que “cocerle” en el Castilla, lo que Vini aceptó sin rechistar. En eso se parece a Benzema, en la resiliencia. Y sobre la resiliencia el Madrid está construyendo su futuro. Solari también sabe de eso. Su carrera como futbolista fue un ejercicio victorioso de resiliencia entre los galácticos. Y lo que nos está enseñando como entrenador tiene esas maneras mejoradas, además de las de un zidanismo de verbo florido que a mí me enardece.
Ha puesto a Marcelo a secar. Y a Isco. Y a Keylor. Con todo el dolor y la incomprensión que esto produce. Eso son decisiones. Porque había que decidirse. Porque hay que decidirse. Pero los ha puesto a secar al sol, en la terraza, con una vista estupenda y un Spritz en la mano. De ellos depende disfrutarlo. Yo no tengo la sensación de que haya apartado a nadie. Los está ubicando y el Madrid funciona. Ha vuelto la rotación alegre. Alegre porque todos brincan de nuevo como potrillos. Ese equipo que muchos veían decrecer en calidad y cantidad con los años. Esos que apuntaban sin descanso a la gestión se han visto, otra vez, sorprendidos por la resiliencia. La resiliencia siempre acaba sorprendiendo a la impaciencia. La resiliencia y la audacia de la dirección está dando sus frutos. Está todo ahí: la resiliencia, la audacia y el talento. Es como la victoria del silencio frente al ruido. Es Lucas Quinto convertido en titular protegido frente a las protestas.
Esas protestas no sirven. No son de fiar. Y como tales las tratan y se las toman los que de verdad saben. Ese ruido tan habitual es lo menos madridista que hay. Lo madridista es el timbre y la melodía con los que el Madrid encara este febrero duro y seco. Es el frufrú de las faldas de la Goulue que persigue el joven sátiro de Vinicius Jr. por toda la pista de baile. Este Madrid son esos colores de los Rolling Stones que se me vienen caprichosamente a la cabeza como una banda sonora. Este Madrid son esos Rolling Stones. Ella es un arco iris que amenaza el VAR Nou vestida de azul. Porque ella peina su cabello y llegan colores en el aire por todas partes. Yo escucho ese piano y veo como tiemblan los que lo están oyendo a lo lejos. Están nerviosos porque no saben lo que les espera. Presienten a esa reina dorada y pletórica de la antigüedad que ha regresado, como cada año, para reclamar su primavera.