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Archivo·18 de enero de 2016

Similitudes fonéticas

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Editorial La Galerna

Buenos días. El Real Madrid despachó ayer el arranque de partido más fulgurante de los últimos sesenta años. Ya ganábamos 4-0 a los 17 minutos, lo cual es algo así como si vas a un concierto de los Eagles y tocan Tequila Sunrise, Get over itHotel California y Desperado nada más salir a escena. Una maravilla, aunque al rato te preguntas si no puedes ya marchar a casa para preparar el Portanálisis y dejar a Don Henley,  Joe Walsh y compañía seguir con otras canciones (porque por lo visto las tienen) mientras tú te escabulles como un auténtico pipero AOR. Algo así pensarían los jugadores, que optaron por dejarnos sin segundo tiempo, acaso adelantándose a nuestro piperismo aunque acaso también preocupados (como nosotros) por las lesiones, que fueron el reverso oscuro de la moneda. Aclaremos ya, para qué privarnos de aminorar la angustia, que lo de Karim no parece nada y es solo por Bale por quien hay que rezar. No es poco rezar el rezar por un fenómeno de la naturaleza como el galés.

Si ya hemos delatado nuestra avanzada edad hablando de un hipotético concierto de los Eagles, ¿para qué ocultar que formamos además parte de esa ingenua minoría que aún cree en el poder de la plegaria? Nosotros tenemos fe en la plegaria al modo y manera en que la tenía el matemático y filósofo americano Martin Gardner, que ya nos advirtió del uso discrecional que el Supremo Hacedor hace de ella. Según Gardner, el Señor recibe la provisión de plegarias que le endilga el género humano y en su infinita omnisciencia las administra aquí y allá en beneficio de las causas que Él considere que más precisen de esa ayuda, lo que no tiene por qué coincidir con el objeto que, en nuestra insignificancia, le asignamos nosotros a nuestra pequeña súplica. Así, aun cuando a veces lo parezca, no se pierde o malgasta plegaria alguna, sino que Dios sabe que no es esa causa, sino otra más perentoria, la que debe abrirse al efecto benéfico de tu oración. En otras palabras: la plegaria que mascullaste para que Sergio marcara el penalti que mandó a las nubes en aquella maldita semifinal contra el Bayern, y que creías no atendida, tal vez fuese sabiamente guardada para ser ahora empleada en el logro de una pronta y total recuperación de Gareth. Ojalá.

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El hecho es que el Madrid facturó ayer el mejor primer tiempo que recuerdan los más viejos del lugar, y que el Diario de la Hernia nos da permiso para disfrutar de ello. La BBC maravilló a propios y extraños (aunque ni unos ni otros lo reconocerán sin mediar un arduo esfuerzo por nuestra parte) con una sucesión de paredes, chilenas, testarazos y misiles -con frecuencia urdidos en colaboración entre los tres- que dejaron boquiabiertos al personal. De repente resulta que estos tres señores a lo mejor no han nacido para limpiar las botas de la horterísimamente llamada MSN, que por cierto no ha anotado tantos goles. Cristiano va recuperando un olfato que tenía parcialmente extraviado, Karim da un curso de juego profundo y remates espectaculares y Gareth, hasta su lesión, demostraba encontrarse en uno de sus mejores momentos desde su llegada a la capital. Lástima que sea previsible que ahora tenga que parar un tiempo (esperamos que no mucho, ya decimos) y que esto corte su descollante progresión. Lástima también que, de las frustrantemente numerosas lesiones cosechadas por el galés hasta la fecha, ninguna en absoluta haya tenido la más mínima relación con la hernia que Marca nos adelantó hace dos años y medio. Pese a la abundancia de lesiones del Expreso de Cardiff, ni una sola de ellas (ya es mala fortuna) ha tenido nada que ver con lo profetizado. Hay profusión (de lesiones) pero no protrusión.

La BBC está que se sale pero no son los únicos que andan de dulce. Carvajal está pletórico, Marcelo nos sulibeya, Isquito nos seduce y Modric es todo lo que os contábamos hace unos cuantos días y  mucho más. Bien es cierto que en el segundo tiempo hubo un cierto sesteo y que los jugadores que salieron de refresco tuvieron de refresco lo mismo que una sopa de ajo en el barrio de Santa Cruz el dieciséis de agosto a las tres menos cuarto de la tarde, confirmándose que tal vez Zidane (e incluso -oh- Benítez aunque no caiga bien) les tenían y/o los tienen en el banquillo por excelentes razones. Pero lo que predomina es esa sensación de expectación y optimismo que tan esquiva nos era desde que todo empezó a joderse, aproximadamente hace un año.

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Pero hombre, si hasta Relaño habla de perfección, especifica que esta existe y la cifra en el primer tiempo de las huestes de Zizou. Ouija Daily titulaba ayer o anteayer "El follón nuestro de cada día" a cuenta de un problema burocrático (otro) con quien resulta que en realidad no es el segundo de Zidane, con lo que no solo hoy no hay follón alguno que otorgue legitimidad al chusco titular del periódico sino que en el fondo tampoco lo hubo en el día en que se tituló que cada día hay un follón. Es lo que te pasa cuando en tu acoso y derribo pretendes ver hecatombes por doquier: al final se da el efecto contrario al pretendido ya que, al ser imposible que todo sean hecatombes, las verdaderas hecatombes quedan difuminadas por tu obsesión.

Pero hoy existe la perfección. Ayer fue para Relaño un día tan perfecto como el de la canción. It´s such a perfect day / I´m glad I spent it with you, que sigue cantando Lou Reed desde el nirvana al que ahora se le ha unido su amigo Bowie. Había algo inquietante en la canción de Reed (I thought I was someone else / someone good) como lo hay en este titular elogioso, el preludio quizá de un gigantesco PERO que nos vilipendie de nuevo, la calma que precede a la tormenta. Nos parece incluso, por momentos, que como sucede en la canción Relaño ha creído de pronto ser alguien diferente, alguien bueno, pero hay un fátum ineludible en su misión destructiva que nos hace concluir que lo de hoy es solo un oasis temporal. Relaño bebió ayer sangría en el parque como hacía Reed en la canción (and then later when it gets dark we go home; and then later a movie too and then home), pero no es casual la similitud fonética entre sangría y sangre. La cercanía de ambos significantes solo prefigura lo cerca en el tiempo que pueden andarse el uno del otro.

Temblemos.

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Por su parte, la prensa catalana festeja desacomplejadamente la heroicidad de haberle metido seis a un Atleti que jugó la virtual totalidad del partido con un hombre menos por expulsión de su portero en un lance tan discutible que es debatible antes (muy posible falta del uruguayo al por lo demás bisoño defensor vasco) y durante (Suárez sale hacia fuera cuando es derribado por el guardameta). Después ya no. Lo que sí es debatible después es un ambiente de celebración teñido de épica que (reconozcámoslo) no enfocan por igual ambos rotativos: el diario de Godó, grande de España, al menos tiene la decencia de informar del peso que en el choque tuvo la temprana expulsión, cosa que Sport, en un alarde de funambulismo digno de mejor causa, escamotea por completo. Como si no hubiera sucedido. Buscar la expulsión de Iraizoz en la portada de Sport es como rastrear en la filmografía de David O. Russell en busca de una película de calidad que no sea The Fighter.

Es así, pues, que meter seis goles a una escuadra diezmada desde el mismísimo inicio es cosa que merece los más esmerados cantares de gesta por la prensa afín al Barcelona, incluso aunque las circunstancias que posibilitan el que este equipo juegue diezmado la práctica totalidad del partido sean discutibilísimas. Sin embargo, meter diez goles al Rayo por parte del Madrid no es algo que merezca el menor elogio por parte de la prensa supuestamente afín al Madrid porque la mayor parte de esos goles cayeron cuando el Rayo jugaba con nueve, aunque jugara con nueve por razones de toda justicia. Es más, lo que merece el Madrid es una seria invectiva por querer meterla en la portería muchas veces, con saña inusitada. Y en eso consiste la Caverna, queridos amigos: en regañar continuamente al Madrid porque para eso somos antes ursulinas que madridistas, y si no (volvemos a Marca) ved el tirón de orejas al astro portugués por su "feo gesto" con un sportinguista. La Caverna.

La Caverna, de ser alguien, somo nosotros. Como con profusión y protrusión, como con sangría y sangre, la similitud fonética ya está ahí, y no vamos a ponernos puntillosos si alguien quiere asignarnos el título.

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