Somos el Madrid y vamos a por la Champions
La Galerna
Buenos días, galernautas. Hoy toca. Da igual el cómo. No importan las bajas ni desdicha alguna. Somos el Madrid, amigos galernautas, la Champions, nuestra casa; siempre, por mucho que de tanto en cuanto nos pinten la cara. Hoy, esta noche, desde luego, no debería ser tal día. Por la cuenta que nos trae, tras el fiasco ante el Shakhtar y el cuasi soponcio de Mönchengladbach, hoy ha de ser el Madrid de las grandes noches, sobrepuesto a toda adversidad e infortunio, un poderoso corcel blanco que atraviesa cual puñal la niebla, las brumas de la historia.
Atina Marca en su primera plana apelando al orgullo madridista, aquel que anida en el corazón del hincha y se esfuma por momentos de ciertos jugadores que hoy no mencionaremos porque tampoco es el día. Hoy no es la noche. Hoy es tiempo de gesta, proezas, hazañas, triunfos… aquellos que han elevado el nombre del Real Madrid al pedestal de la Historia. Recogemos el guante de Marca y henchidos cual palomo, a eso de las nueve, no habrá mayor mirlo blanco haciendo gorgoritos madridistas que un buen galernauta sentado esta noche en su butaca. Porque La Galerna también es un poco (mucho)… eso.
Madridismo, sintaxis… y orgullo.
No es casualidad, sin embargo, que quien corone el balón transmutado en mosaico de portada sea Hazard, aún errante, vagabundo, en busca del Edén, paraíso todavía prohibido para el buen futbolista belga, como el buen chocolate. Dice además la Ouija que San Siro lo reclama y lo hace con ese tonito tan suyo, entre épica de verdulería y condescendencia propia de un leve, pero malintencionado pellizco de monja. El cuerpo les pide faltar al respeto al belga, pero se conforman con esto que, dicho sea de paso, tampoco respeta la jerarquía del orden natural de las cosas de la vida. ¿No reclamará el Madrid a Hazard antes que San Siro?
Al menos es el que le paga. Lo normal, vaya. Como debe ser, oiga.
Lamentablemente, no todos pueden decir lo mismo.
Menos aún, cuando tales días como hoy cuentan con toda la charanga y fanfarria a su favor. Hoy es matemática y metafísicamente imposible que nadie por esos lares se atreva a recordar que la caja del Barcelona está tan tiesa como un rigor mortis galopante. Leemos en la llamada prensa seria —que no lo es tanto— que el pufo culé con Hacienda es de tal calibre que el mes que un club apenas dispone hoy de 30 milloncejos para evitar el concurso de acreedores. Vamos, que la cosa está chunga, se viene Joan Kennedy Laporta, y Messi se va, aunque ya se ha ido. Y mientras tanto, el capital culé no sólo se va por el sumidero, sino que hay por allí quien incluso tira ufano de la cadena. Dicen, claro, que la culpa es de la Covid. O del chachachá, tanto da. Entre los muchos efectos secundarios del coronavirus coronaviridae tenemos que añadir el de excelente armador de excusas baratas y fútiles coartadas.
No se preocupen, que nadie les aguará la fiesta. Y menos hoy, que es día de jolgorio, bullicio y regocijo tras golear al todopoderoso Dinamo en Kiev con varios suplentes en el once y Messi yéndose por ahí en su casa, aunque ya se haya ido. El Plan B, lo llama Sport. Ilusiona, añade. Y por si fuera poco El Madrid se la juega.
Se juega otra final blanca en Milán concretamente, como el becario madridista de la portada de Mundo Deportivo se ha encargado de recordar en la azotea de su primera plana en un guiño afectuoso al aficionado atlético.
¿Qué más quieren en Barcelona?
Salvo lereles lo tienen todo
¿Y qué queremos nosotros?
Quizás que la Central Lechera, que diría Sant Pep Guardiola de Santpedor, se ocupara periodísticamente de las finanzas del segundo club más importante del fútbol español. Allí, desde luego, no quieren más na.
Están servidos.
Lo nuestro pasa por puntuar en San Siro y hacer cuentas.
Echar cuentas. Eso que nadie hace con el FC Barcelona. Ni dentro. Pero tampoco fuera.
¡Feliz día y mejor noche, amigos galernautas!



