Sonrojo
La Galerna
Buenos días. “El Madrid normaliza el ridículo”. El titular es del amigo Hughes, cronista de ABC, y por doloroso que resulte supone un fiel reflejo de la realidad. Caímos 0-3 anoche ante los rusos, colistas del grupo, y aunque el varapalo carece de trascendencia en la tabla de esta fase de clasificación, lo cierto es que no recordamos una temporada del Madrid en la que, allá por diciembre, acumulara tantas goleadas en contra, junto a otros partidos calamitosos aunque no concluyeran en sobe. 3-0 en Sevilla. 3-0 en Eibar. 5-1 en Barcelona. Y ahora este 0-3 que representa la mayor goleada encajada en nuestra historia en Copa de Europa.
La prensa deportiva capitalina se ceba en el desastre con el ahínco que cabía esperar. Esta vez no se les puede reprochar. El equipo hizo aguas en ambas áreas (nos duele decir que el dúo de centrales resultó inaceptable incluso en un partido semiamistoso), y el resto del personal se desenganchó como resultado de ello, en un ejemplo de falta de ideas o desgana del que solo se libran Vinicius, Llorente y Odriozola. Mal los suplentes (acierto total del titular de As) en su presunta búsqueda de un puesto en el once titular, y no mucho mejor los habituales cuando fueron requeridos (ay, Gareth).
Por no podernos quejar, no podemos siquiera quejarnos de que la prensa olisquee y exponga los piques típicos de estos casos, que si Isco se encaró con la grada, que si rechazó el brazalete de capitán, que si Marcelo se lo afea. Son jugadores con la suficiente experiencia como para privar a la canallesca de estas dosis de caspa tóxica. Estas polémicas tendrán recorrido, seguro, y la poca cabeza de unos y otros cooperará en la alimentación de las mismas.
En resumen, esta derrota duele. El Madrid creyó tanto que no tenía nada que perder que perdió bastante: imagen, credibilidad, capacidad para amedrentar. A pesar de que aún estamos en disposición de ganarlo absolutamente todo, llevamos una temporada aciaga como no se recuerda, perlada de derrotas estrepitosas. El aficionado está enfadado, y con toda la razón. Si bien no nos parece que los errores de planificación veraniega sean culpables de bochornos así (pueden conducir a no ganar, pero no a ser ridiculizados de esta guisa), no vendría mal rectificar parcialmente en el mercado de invierno. El equipo pide a gritos otro central y posiblemente un goleador.
En Barcelona, por su parte, se refocilan un poquito con el sonrojo vikingo, como veis, pero afortunadamente están demasiado ocupados en Dembélé como para hacer excesiva sangre. Tan excitados se encuentran con el francés, y a tal grado llega su indulgencia con la indisciplina del chaval, que lo comparan sin recato con Neymar y Messi, y lo más tronchante es lo siguiente: “Aunque juega con Messi, sus números en Champions son muy similares a los de Neymar y Mbappé". ¿"Aunque juega con Messi"? ¿A qué viene la concesiva? ¿No es Messi por dogma de fe el mejor jugador de la Historia de la Vía Láctea y parte del extranjero? ¿No debería entonces favorecer al juego de cualquier futbolista el desarrollarlo al lado del argentino?
Pasad un día razonablemente bueno.



