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Opinión·27 de mayo de 2019

Toca paciencia en el Real Madrid.

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Pepe Kollins

Mi intención es siempre la de apoyar al equipo que salta al terreno de juego con la camiseta del Real Madrid. Poco me importa, en el sentido mencionado, si un jugador no lo está haciendo bien durante la temporada o incluso desde hace más tiempo. De ser así, mi deseo será que comience a rendir bien desde ese instante, no que lo haga peor para que se lo ventilen. No se trata de una opción meditada, ni de un ejercicio de moralidad, sino casi de un instinto biológico: me resulta imposible desear que le vaya mal al Real Madrid en cualquier momento, no soy capaz de hacer cálculos sobre lo bien que le iría en el futuro al equipo si ese jugador, o ese técnico, se estampasen en el presente, como no disfrutaba viendo enfermar a mi hijo de pequeño por más que me repitiesen que eso le iba a inmunizar. No me sale.

Dicho lo cual, tampoco soy partidario de rehuir la crítica o el análisis de cada momento. Si hay algo que no me gusta en torno a mi equipo o mi club, lo expreso, no con el afán de que toda arda, sino de que se resuelva, en la convicción de que el primer paso para revertir una situación complicada es reconocerla y definirla.

Este año ha sido un fracaso sin paliativos. Hay que reconocer que la transición hacia una etapa pos-Cristiano Ronaldo no se antojaba precisamente sencilla (que se agarren en Barcelona cuando les toque). Hay quien advertirá que el club pudo no haber dado ese paso, pero tampoco sabemos si la voluntad del jugador era reversible. El caso es que se hizo y ahora no pretendo analizar ese episodio, sino simplemente lo qué se hizo a posteriori. Exactamente, el club decidió responder a la marcha del portugués en dos direcciones:

-La apuesta por el grueso de la plantilla campeona de cuatro Champions

-La política de captación y formación de jóvenes talentos

De la primera estrategia cabe decir que, a priori, no se supo ponderar, a tenor de los pocos refuerzos, ni el coste de la pérdida de Cristiano (en goles y espíritu ganador) ni el desgaste de ese núcleo duro. Y no por el Mundial o la ausencia de pretemporada por parte de algunos jugadores, sino precisamente y aunque suene paradójico, por la racha triunfal que derivó en acomodamiento y falta de ambición, una inercia que ya se arrastraba desde el curso pasado y que, ya entonces, degeneró en una Liga tan desastrosa como la actual.

 

De la segunda estrategia se puede intuir que – salvo en el caso de Solari – ha calado la sensación de una falta de sintonía entre el club – que mantiene esa apuesta con firmeza – y el técnico de turno – Lopetegui o Zidane – que han mostrado una tendencia en favor de jugadores ya consolidados, aunque estuvieran en baja forma. Jóvenes talentos sí, pero al Madrid se viene con la mili hecha, parecían decir con su decisiones y declaraciones.

De hecho, las noticias del interés del club por jugadores como Hazard, Jovic, Eriksen, Mendy o el ya fichado Militao, inciden en esa tesis: futbolistas de rendimiento inmediato, con experiencia en competición de élite, por más que algunos sean jóvenes.

Podría entenderse este giro como una enmienda a lo planificado esta temporada que acaba de finalizar. El verano pasado se esgrimió que el mercado de jugadores que no eran galácticos era inaccesible, o más bien lo consideraban no rentable. En cambio, ahora, entre los candidatos aparecen un buen número de futbolistas que responden a ese patrón. Que no conste esta apreciación como un reproche. Nadie es infalible. Todo el mundo, sin excepción, se equivoca. Y corregir se ha de entender como un valor, no como un motivo que descalifique al que se ha percatado de su fallo.

Lo importante es entender que eso que no se hizo el año pasado hay que hacerlo ahora. Lo fundamental es, también, conjugar esa rectificación sin que suponga desaprovechar los pasos dados en el ejercicio anterior, es decir, a esa clase media que se incorpore, sumar la progresión de esos talentos que este curso se postularon (Vinicius, Brahim, Valverde…), así como el intento de recuperación de aquellos jugadores contrastados que, por edad y perfil, se entienda que pueden volver. De este modo el curso que hemos terminado no habrá sido en vano, aunque no sobrevivan al filtro ni todos los jóvenes ni todos los veteranos.

Pero lo que tenemos que asumir los aficionados, y de ahí el propósito de este texto, es que el curso que viene, será, incluso en un escenario positivo, otro año en el que el Real Madrid, no sea de partida favorito, sin que ello implique renunciar tampoco a nada y dando por hecho que en el peor de los casos se competirá por todo, pero con la conciencia de que se está construyendo algo sólido que terminará, en el momento que cuajen algunos de las actuales promesas o alguna guinda fichada a golpe de talonario, situándonos otra vez en lo más alto.

En el Real Madrid es imposible pedir paciencia. Pero paciencia.

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