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Opinión·30 de septiembre de 2019

Toni Kroos: El mago silencioso

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Fernando Pulpillo

Un disparo potente es algo muy llamativo para el espectador. También un pase de tacón, una asistencia genial o un regate mágico. Son acciones que entran por la vista. Visualmente son atractivas y, en muchas ocasiones, es su inverosimilitud o su aparición espontánea lo que nos hace valorarlas especialmente, seguramente por encima de otras actuaciones, al menos, igual de importantes pero menos llamativas. ¿Cuántas veces una genialidad de un delantero ha minimizado el impacto del concurso de otros compañero? Un ejemplo muy práctico de esto es el de la final de Copa de Europa que supuso la decimotercera 'Orejona' para el Real Madrid. Bale acaparó -y no sin justicia- todos los focos gracias a esa chilena histórica pero no tanta gente recuerda el partido mayúsculo que firmó aquella noche Karim Benzema.

Quizá no sea el lenguaje corporal de Kroos el más atractivo de ver para el espectador pero eso no priva a su fútbol de ser el más importante de entre los centrocampistas blancos.

Algo así sucede con Toni Kroos. En comparación, Luka Modric y Carlos Henrique Casemiro tienen mucho más fácil lucir. Los cambios de ritmo y pases con el exterior del primero, así como los robos de balón y duelos aéreos ganados por el segundo destacan a simple vista más que el 95% de acierto en el pase del alemán, su gestión de cada ataque o el temple que imprime en los momentos en los que el nerviosismo o las prisas pesan en las piernas del resto.

Pero su presencia en el verde es absolutamente fundamental para sus entrenadores. Toni siempre agarra los mandos de los partidos y, si sus compañeros le generan líneas de pase y movimiento por delante, él será capaz de dominar el choque desde su bota derecha y su posición perfilada en el sector siniestro del campo. Al final, Kroos rara vez no va a dar todo lo que su mente y su técnica le facilitan para comandar el juego del Madrid, pero necesita que el resto de compañeros, o al menos aquellos que son clave en cada línea, retroalimenten ese viaducto de fútbol. Y es ahí, cuando esa sociedad es bidireccional, cuando las notas del '8' blanco pasan del notable al sobresaliente. Porque, como se ha dicho, él rinde día sí, día también. Pocas veces Toni juega mal. Sin embargo, su fútbol, no así como el de otros y como el de todo interior/mediocentro de posesión, precisa que el colectivo le abrace para aprovecharse de él.

Toni es el mejor ejemplo de futbolista que casi nunca “juega mal”. Su fútbol es tan sencillo como necesario pero necesita que el colectivo y el sistema se nutran de él.

Kroos puede jugar mejor un partido dominado por el Madrid y en el que los blancos pierdan en un contragolpe, que otro en el que el equipo golee a golpe de pegada. De ahí que, en muchas ocasiones, su valoración entre parte de la afición sea considerablemente menos alta de lo que su rendimiento merece. Y es que son precisamente las veces en las que no está en el verde aquellas en las que más valora el Madrid la "simplicidad" de su fútbol. Si el alemán juega, el Madrid va a tener más la pelota. Simple y llanamente. Y a partir de ahí una sobresaliente gestión de cada pelota está garantizada. Toni siempre va a poner eso al servicio del equipo. El resto, como es obvio, dependerá de los demás compañeros.

Tener en tu plantilla a un tipo capaz de bajar revoluciones en cada choque de infarto es oro puro. Además, a diferencia de otros perfiles de centrocampista, los 29 años de Kroos son su época de madurez. Una edad que, para un jugador de su corte, le permite tocar el techo al que su mente le eleva. En el día a día te genera contexto suficiente para hilvanar victorias y construir identidades pero es que, en días grandes, su frialdad palia la excesiva temperatura con la que juegan otros.

Su mente fría y su capacidad para llevar el juego por los cauces necesarios es lo que le hacen en insustituible.

¿Recordáis el penalti de Cristiano en el último minuto de aquella eliminatoria ante la Juventus en 2018? Aquella falta sobre Lucas fue consecuencia, de hecho, de esa mente reflexiva de Kroos. Cuando el crono agonizaba y la eliminatoria moría, Toni dispuso de un balón franco en la frontal del área. ¿Qué porcentaje de jugadores no habría buscado un disparo ante el tremendo repliegue italiano? Él, sin embargo, tuvo la tranquilidad para levantar la cabeza y poner ese pase bombeado a espalda de la zaga para que lo ganara Cristiano por arriba. Del resto ya sabéis el final.

Pequeños detalles que, colocados uno sobre otro, demuestran lo que es este jugador. Alguien sobre el que edificar sistemas de juego, ya que es la facilidad y acierto con la que ejecuta cada acción lo que le hace especial. Jugadores así quedan pocos y el alemán es uno de ellos. Uno de esos magos sin chistera. Porque él no precisa de grandes alardes. Toni Kroos no necesita un carrusel de movimientos imposibles de reproducir para sacar un conejo de su chistera porque su mejor truco es ponerte suavemente ese sombrero delante de y decir: "Vamos, cógelo". Un mago silencioso al que la no necesidad de ruido le hace único.

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