Un Madrid irresistible
Jesús Bengoechea
Sumidos en nuestra justa (y quizá baldía) lucha por señalar las miserias de un sistema corrupto, muchos madridistas estamos dejando pasar la oportunidad de alabar como merece a este Real Madrid. Estamos tan enfrascados en denunciar cada nueva vergüenza del ennegrecido (y ennegreicido) fútbol español que se nos está escurriendo entre las manos la parte luminosa de esta historia, que es un Real Madrid absolutamente irresistible, una escuadra, memorable a la vez en su estética y en su ética de trabajo, que marca un contraste brutal con la podredumbre que le rodea y que, por desgracia, le afecta.
Ojalá el equipo que deslumbró ayer en Getafe jugara en una burbuja, ajeno al putrílago infecto de la competición que no tiene más remedio que disputar y, si sigue jugando así, ganar también. Fue un nuevo capítulo de excelencia balompédica entre los muchos que ya ha impartido esta campaña, así, sin darse importancia. El Madrid está redefiniendo el concepto de lo que supone dominar un partido. Hasta la fecha, creíamos que tenía algo que ver con la manida posesión. No es que no tenga nada que ver, pero es una posesión libre del dogmatismo del sobeteo al balón, compatible con lo eléctrico, con un dinamismo abrumador y con aromas de novedad. Es un equipo que juega fresco, galvanizado por el afán de hacer justicia estética en cada jugada, sin que esto choque con la determinación de elevar cada balón dividido a la categoría de asunto de vida o muerte. Áxel Torres, en la retransmisión, casi no daba crédito al goce intelectual que el Real Madrid (¡el Real Madrid!) le estaba deparando durante la narración. Es un Madrid refulgente, extrañamente revolucionario dentro de los esquemas más canónicos.
Estamos tan enfrascados en denunciar cada nueva vergüenza del ennegrecido (y ennegreicido) fútbol español que se nos está escurriendo entre las manos la parte luminosa de esta historia, que es un Real Madrid absolutamente irresistible
Modric en la construcción del juego, y Joselu en la finalización, brillaron más que nadie. Aun así, muy probablemente no jugarán desde el inicio en el derbi. La mejor noticia es que no les importará, porque están ahí para sumar para el equipo. El espíritu de equipo que se percibe desde fuera de ese vestuario no tiene precedentes hasta donde yo recuerdo en mi memoria de aficionado, que ya es dilatada. Tchouaméni tampoco jugará ante el cholismo, por razones muy diferentes. A mí juicio, fue el mejor en Getafe, cubriendo todo el campo, desempeñándose como un poseso en el robo de balón y cumpliendo sobradamente como central cuando le tocó asumir la posición.
No se recuerdan, por su parte, mejores partidos con la blanca de Lucas Vázquez y Mendy, jugadores a los que parte de la afición más elitista del mundo mira por encima del hombro. Abandonen la esperanza de tener razón. Lucas lo hizo bien absolutamente todo, y Mendy desmintió las absurdas acusaciones de paquetismo. Hay que empezar a valorar a este jugador de una bendita vez. Cubrió su banda con la impermeabilidad acostumbrada, pero miren su aportación descongestionando la jugada en el primer gol. Para enmarcar.
El Madrid está redefiniendo el concepto de lo que supone dominar un partido. Es un Madrid refulgente, extrañamente revolucionario dentro de los esquemas más canónicos
Como la citada afición elitista no disfruta si no está enfadada con alguien, las redes sociales (y los medios que les dan carnaza) la tomaron con el gol que falló Vinícius. ¿Por qué no os apeáis del árbol del vinagrismo durante unos segundos y disfrutáis? Vinicius falló el gol, en un partido ya muy encarrilado, porque quiso hacer algo para la posteridad. El hambre de posteridad le pudo, y para mí es difícil censurar eso. No quiso meter cualquier gol, sino uno que recordáramos siempre. Vini falló el gol, literalmente, por amor al arte. Crédito a Joselu, que se destapó ahí como asistente generoso.
Casi por encima de lo irresistible de su juego, está lo contagioso de su talante. Con este Real Madrid me sucede algo novedoso en el mapa de mis sentimientos. Siempre he querido que gane el Madrid porque soy madridista. Con este Real Madrid 23/24, me ocurre que quiero que ganen por esa razón, pero también porque quiero, necesito que ganen por ser quienes son, uno por uno. Necesito que gane cada uno de ellos, como individuos que considero de mi familia, y eso nunca antes me había sucedido. Quieren al Madrid tanto como yo, si no más que yo. No tengo la menor duda, y en esta corriente tal vez cursi, tal vez demagógica, me sumerjo cada vez que juegan, de manera que todos y cada uno de los días en que eso acontece, como reza el himno, son todo lo que soy.
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