Una cuestión de decencia
Jesús Bengoechea
Ironía e ira son palabras con el mismo arranque, pero solo tienen en común esas dos letras que además conforman uno de los verbos de uso más común. Por ir, en mi modesta opinión, el periodista (?) de Sport Iván San Antonio debería ir a la calle después de publicar algo muy grave, que ponía en la diana al padre de un colegiado, y admitir después el propio Sport que lo publicado era mentira. Supongo que el comienzo de este texto da para distinguir bien la diferencia entre ira e ironía, así como lo difícil que es tirar de la segunda (siempre preferible) cuando lo que sucede llama a la indignación más legítima y por lo tanto a lo otro. A la ira.
Iván San Antonio es un pobre hombre que jugó a ser Woodward y Bernstein en uno, se marchó a Benidorm y trató de hacernos creer a todos, a través de un asqueroso reportaje en Sport, que el padre del árbitro Martínez Munuera era el fundador de una peña madridista en dicha localidad. Y si lo hubiera sido ¿qué? Pues sí lo hubiera sido nada, porque nada demostraría sobre Martínez Munuera (que acababa de arbitrar un clásico con derrota culé) el hecho de que su padre fuera fundador de una peña madridista o de un club de fans de Fleetwood Mac. Los padres son una cosa, los hijos no tienen por qué ser la misma e Iván San Antonio puede ser lo que fuera su padre u otra cosa completamente diferente.
En mi modesta opinión, el periodista (?) de Sport Iván San Antonio debería ir a la calle después de publicar algo muy grave, que ponía en la diana al padre de un colegiado, y admitir después el propio Sport que lo publicado era mentira
Habría dado completamente igual que Martínez Munuera tuviera un padre que fundó una peña madridista en Benidorm, en Caracas o en la Isla de Pascua, pero es que resulta que no la fundó. Resulta que además es mentira y el propio Sport lo reconoce ahora. Lo reconoce pero no pone en la calle (como repito que debiera) al autor de la difamación, sino que lo mantiene, y si bien publica un desmentido no lo tuitea ni le da bola alguna en redes sociales, a diferencia de lo que hizo con la vomitiva y fraudulenta “investigación” que ahora se desmiente, de suerte que mientras la defecación de Iván San Antonio dio la vuelta al mundo nadie va a enterarse de eso, de que es una defecación, de que no hay un gramo de verdad en la historieta bochornosamente parida por este hombre y el medio que le ampara.
Medio, por cierto, que no solo no da ninguna bola en redes a su desmentido, sino que en el momento en que escribo estas líneas mantiene la noticia ahí, accesible para cualquiera que desee googlearla, susceptible de seguir rulando por los dispositivos de gentes del uno y otro confín y colaborando en la tarea de perpetrar la leyenda negra del Real Madrid. ¿Qué clase de desmentido, Sport, es uno que se emite por lo bajini y sin proceder de inmediato a la retirada de aquello que se desmiente?
Iván San Antonio ha pasado esta mañana por los micrófonos de Radio Marca, emisora con la que he tenido el gusto de colaborar alguna vez, por invitación del siempre amable y gran profesional Raúl Varela. Al habla con el propio Raúl, San Antonio ha afirmado que la publicación de su libelo fue un error “de forma pero no de fondo” porque el objetivo del reportaje, que era “demostrar el madridismo de Martínez Munuera”, se cumplió. Cuando guardas la esperanza de que alguien se retracte y escuchas eso, vuelves a comprender la diferencia entre la ironía y la ira, y por qué a veces solo queda el segundo de los caminos.
¿Qué clase de desmentido, Sport, es uno que se emite por lo bajini y sin proceder de inmediato a la retirada de aquello que se desmiente?
Pero ¿tú qué dices? ¿Que a través de un reportaje en el que soltabas la trola de que el padre de un árbitro fundó una peña madridista demostraste el madridismo de dicho árbitro? ¿Hasta dónde crees que llega el nivel de estulticia de los que te escuchan, sean del Barça, del Madrid o del Socuéllamos? El colmo de la desfachatez no es esto, con todo. El colmo de la desfachatez y de la ignominia viene cuando admites que tu incalificable calumnia ha sido útil porque “sin ella no le habrían pitado tres penaltis al Madrid en los dos partidos siguientes”. ¿Estás admitiendo que tanto tú como el medio en el cual trabajas habéis instaurado una política de amedrentamiento a los árbitros cuyas actuaciones no os gustan? Considerando que Sport ha reconocido además que te inventaste lo del padre de Martínez Munuera, ¿estáis implícitamente admitiendo también que no reparareis en seguir mintiendo con tal de crear un ambiente irrespirable para los trencillas, hasta que piten precisa y exactamente lo que vosotros queréis? Jamás en mi vida había escuchado una confesión más descarada y orgullosa de la propia miseria moral e intelectual de nadie. Lo que debería haber sido un espacio para la rectificación de San Antonio fue una reafirmación ufana y canalla.
¿Estás admitiendo que tanto tú como el medio en el cual trabajas habéis instaurado una política de amedrentamiento a los árbitros cuyas actuaciones no os gustan?
Y ahora me dirijo a ti, estimado Raúl Varela. ¿Cómo demonios, después de oír todo esto, pudiste despedir al sujeto con un tranquilizador “el mejor escribano echa un borrón”? El cumplimiento del refranero está sujeto a cláusulas tácitas. En este caso, deberíamos encontrarnos ante un buen escribano, y ante algo que solo quepa calificar de borrón. Esto no es ningún borrón. Esto es la confesión jactanciosa de una estrategia de acoso a los árbitros y sus familias que no repara en mentir para alcanzar sus objetivos. Eso, estimado Raúl, es lo que dejaste pasar con tu chocante apelación al refranero.
Esto no tiene nada que ver con madridismo vs. barcelonismo. Tiene que ver con la decencia, simple y llanamente. El que no sea un valor en alza no va a hacer que todos abandonemos la lucha en aras de la conservación de una mínima deontología, esa de la que no entienden ni San Antonio, ni Sport, y veremos si la entiende Radio Marca.
Fotografías: Getty Images.
