¿Una Superliga Europea y un Brexit futbolístico?
Carlos García de Sola
Superliga Europea para que el fútbol sobreviva
El fútbol siempre ha actuado como canalizador de las emociones del popolo. Un digno heredero del pan et circenses, que como aquel ha estado sujeto a los vaivenes político-sociales y económicos para sobrevivir.
Así, en épocas de grandes emperadores había grandes juegos y festividades. Y en épocas de revueltas no había dinero para ello. En el fútbol, desde que existe este noble deporte, los grandes eventos de la historia han condicionado las competiciones con cancelaciones de liga en las grandes guerras; con interferencias políticas en época de guerra fría y con repercusiones económicas en época de vacas flacas.
Pero de un tiempo a esta parte, coincidiendo con la mayor época de prosperidad y progreso de la historia, el fútbol se ha convertido en un bien social, un derecho casi inalienable de la ciudadanía. Algo que se supone vigente y duradero, igual o más que cualquier gran institución de un estado.
Y así, en los últimos 20 años, el nivel de profesionalización del fútbol y la cantidad de ingresos generado, lo ha convertido en una industria tan potente como necesaria, que mueve miles de millones de euros y genera otros tantos miles de empleos. Además de haberse convertido en una suerte de vehículo social para contentar a la ciudadanía (entre la que me incluyo apasionadamente).
Pero llega el virus, el COVID, atendiendo a unas siglas que repetimos una y otra vez, quizá sin ser conscientes del todo del significado que tiene este fenómeno para el mundo. El virus es un detonante, un trigger, que dicen los americanos, que actúa como disparador de multitud de cambios que todavía no se habían producido y que necesitaban tiempo para ello. La situación excepcionalísima del virus lo acelera (o ralentiza) todo, hasta conseguir cambios que de otra manera habría sido imposible ver.
En el caso del fútbol, el cambio más evidente es la ausencia de público, pero el segundo es que los grandes clubes, y los clubes en general, han dejado de realizar grandes traspasos. El intercambio de cromos a altísimos precios, con fichas desorbitadas, ha dejado paso a fichajes modestos, pequeños ajustes en las plantillas y mucha más prudencia.
Así ha sido en prácticamente todos los países, reduciéndose significativamente las compras con respecto a otros años. Solamente la Premier Inglesa ha relanzado la economía, con algunos fichajes de alto valor, aunque inferior a cantidades de otros años. El gasto de la Premier es equivalente al de las siguientes ligas que más han gastado (liga española, italiana y francesa).
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