Undécima y olvido
Editorial La Galerna
Al término de la Final de Milán, el Cholo Simeone aseguró, con amargura y un punto de victimismo, que de cara a la posteridad nadie recuerda quién fue el segundo. Yo creo que ahí le pudo el afán de dramatismo al Cholo, porque lo cierto es que cualquier repaso a una final europea pretérita, por somero que sea, explicita el nombre de los dos contendientes, el que ganó y el que perdió. Por tanto, no veo que la aseveración del entrenador argentino tenga más calado que el de cualquier otra frase hecha.
Un par de días después, en la vorágine biliosa que ha arrastrado no tanto a la masa social atlética como al culerismo mediático y sociológico, el periodista David Bernabéu, cuyo ilustre apellido comparte con Piqué, aseguró dignísimo en un tuit que hay formas de ganar que afectan también a la memoria colectiva de esos triunfos, hasta el punto de borrar de la misma el nombre no ya del segundo, como aseguraba el Cholo, sino del primero también. En aguda comparación con las supuestas malas artes por medio de las cuales el Madrid ha ganado la Undécima, tuiteó lo siguiente el reportero blaugrana: "El Chelsea de Di Matteo fue campeón de Europa y nadie se acuerda".

Ingrata es la mente humana si no es capaz de rememorar -aunque sea con la ayuda de Wikipedia- quién fue el segundo en un evento deportivo de tanto calado. Pero más preocupante aún nos resulta el saber que hasta el primero puede llegar a ser engullido por el agujero negro del olvido. En estas circunstancias, se nos antoja de perentoria necesidad el establecimiento de un partido para el tercer y cuarto puesto, algo de lo cual la Champions carece en este momento. A ver si hay suerte y, gracias a esa final de consolación, la gente logra acordarse al menos de quién fue el tercero. Llámese a Bayern de Múnich y Manchester City para que organicen sin dilación el encuentro. La gente merece poder acordarse de alguien.
Es interesante que personas jóvenes como Simeone o David Bernabéu parezcan sufrir esas lagunas cuando, por contraste, hay personas de cierta edad que se acuerdan fenomenalmente de todo, especialmente de uno y otro adversario en finales futbolísticas europeas bien lejanas en el tiempo. En La Galerna hemos tenido el privilegio de entrevistar, hace muy poco, a dos mitos de la magnitud de Paco Gento y José Emilio Santamaría. Ambos son octogenarios pero -utilizando el coloquialismo últimamente practicado por Zidane y Cristiano- los dos se acuerdan de todo "de puta madre". La cosa tiene doble mérito, ya que no hay vídeos de aquellas legendarias finales europeas para refrescar la memoria de tanto en tanto. De hecho, incluso en su época, cuando Paco Gento quería rememorar alguno de sus goles, tenía que meterse en el cine. El NODO le devolvía esas imágenes en movimiento que se habían oxidado en la mente, y luego ya se quedaba a ver la película o no, dependiendo del reparto o de la prisa por cascarle más goles, en coalición con D. Alfredo y Puskas, al siguiente rival.
Tú le preguntas a D. Paco o a D. José Emilio quién quedó segundo en la Copa de Europa de 1959 y se acuerdan perfectamente. También de quién quedó primero, aunque esto tiene menos mérito porque el primero, tanto en aquella como en varias otras finales europeas del periodo, fue el Madrid, equipo donde ellos jugaban. Con ser notoria su memoria en lo pretérito, más apabullante aún es la memoria a futuro de ambas leyendas. Nada más bonito que acordarse de lo que aún no ha sucedido, y ambos acertaron de pleno, en nuestras entrevistas, al profetizar que el campeón de Europa este año sería el Real Madrid -D. José Emilio erró en el marcador exacto pero a quién le importa-. D. Paco tiene más mérito porque auguró que seríamos campeones de Europa cuando aún no habíamos superado las semifinales. Entrevistar a D. Paco Gento es como hablar con un tío muy querido, John Wayne y el profeta Isaías, todo por el mismo precio.
Pobres Simeone y David Bernabéu, aquejados de problemas de memoria a tan temprana edad. Bien pensado, no sé por qué les compadezco. De hecho, ellos querrían abrazar un Alzheimer selectivo, capaz de eliminar de sus cerebros los sucesos más recientes. La terquedad de las cosas que pasan, sin embargo, es tan implacable que resulta independiente del recuerdo que dejen, de tal suerte que podemos concluir que tienen lugar aunque no podamos (o no queramos) rememorarlas.
De igual forma, recrearse en el recuerdo de algo no hace que suceda más veces, por mucho deleite que uno obtenga en la remembranza. Es una lástima, ya que a mí me gustaría que David Bernabéu pusiera ese tuit muchísimas veces más. Tendré que conformarme con recordar, y con ello me refiero tanto a ese tuit como a la propia Undécima. Di Matteo y yo tenemos memoria de elefante.