¿Va de farol el Real Madrid con James y Bale?
Pepe Kollins
En apenas 24 horas el madridismo ha pasado de la zozobra a vislumbrar la esperanza, un giro que se antojaba prácticamente imposible antes del partido disputado en Balaídos. Algunos madridistas, no obstante, mantenían su fe en el rumbo adoptado por directiva, cuerpo técnico y jugadores. Argumentaban que lo sucedido este verano no constituía una referencia ya que en pretemporada tan solo se utilizaban balas de fogueo, sin tener en cuenta que anteriormente, durante un curso entero, la munición había sido real. También es cierto que ese mismo sector tampoco había mostrado la menor pega ante lo ocurrido la temporada pasada, así que, en su caso, los antecedentes carecían de valor. Todo estaba bien porque siempre lo está. En el otro extremo, se situaba el madridismo más cáustico, los que lo quemarían todo cada cinco minutos, los que nada les parece bien y que reclamaban una revolución que incidiera en el grueso de titulares del año pasado. Pero créanme: en el punto medio casi siempre está la virtud. El grupo requería de una renovación que fuera más allá de un simple cambio de fondo de armario, pero también se podía avanzar considerablemente a través de la confianza de muchos de los que ya estaban y, sobre todo, de ese aspecto que tan poco se valora en los debates futbolísticos de barra de bar: el juego.
En cualquier caso, no es este un texto que pretenda determinar si la gestión de la plantilla ha sido la correcta sino más bien dar cuenta de que todavía es pronto para juzgar. Se está dando por hecho que tras la alineación de Gareth Bale en la primera jornada y la convocatoria de James, en ese mismo partido, la plantilla está cerrada. Y déjenme que lo dude.
La versión oficial es que Zidane cuenta con ambos en este nuevo proyecto, pero no solo eso: el técnico ha destacado que el galés y el colombiano se encuentran en un gran estado de forma y que su participación será de gran ayuda. Circunstancias imposibles de creer hace tan solo 48 horas. A pesar del golazo de Kroos y de la maravilla coral del tanto culminado por Lucas, la fotografía del encuentro la protagonizó, para pasmo de todos, el saludo entre Gareth Bale y Zinedine Zidane tras producirse la sustitución del primero. El mismo entrenador que hace unas pocas semanas había expresado el deseo de que Bale saliera del club cuanto antes, el mismo que había dejado al galés sentado en el banquillo en el día que, presuntamente, iba a ser su despedida del Bernabéu, el mismo al que Jonathan Barnett, el lenguaraz representante del jugador, había llamado sinvergüenza y del que había confesado que no mantenía relación con su representado. Pero es que James es también la misma persona que en la Copa América, disputada en junio, había puesto en duda su retorno al equipo blanco por culpa de “alguien que manda mucho allí”.
Nos referimos, por tanto, a dos contenciosos que estaban enquistados desde hace casi dos años, que habían alcanzado su apogeo recientemente y que de un plumazo se han resuelto “porque sí” y a la vez. No se trata de Zamorano y Amavisca confiando, jornada tras jornada, en sus posibilidades ante un entrenador que los descartaba, pero con el que mantenían una relación cordial, como algunos han sugerido. Tampoco resulta muy creíble el argumento de que “Zidane es un hombre de club” como toda explicación a ese viraje. Pues si atendiésemos a ese precepto la concesión, en ambos casos, se habría dado hace mucho tiempo y no ha sido así sino más bien todo lo contrario: las posturas cada vez estaban más enconadas.
¿Y qué ha obrado entonces el milagro? Pues entiendo que si se ha producido una resolución tan repentina de dos casos que parecían sentenciados, ha sido porque la persona que ha cedido lo ha hecho en compensación a algo que le han prometido, bien sea directamente mediante el fichaje de un jugador pretendido por él o bien poniendo en valor a estos dos activos, hasta ahora repudiados, con el objetivo de facilitar sus ventas, una o las dos, y poder así, quizás también, ayudar a la contratación deseada. En definitiva, una maniobra que podríamos calificar de farol.
