Valors
Editorial La Galerna
Buenos días. Después del ruido y la furia que llevan acompañando a nuestro Real Madrid en este epílogo navideño en el que Benítez pudo comerse el turrón pero no el roscón, se agradece abandonar por un día las candilejas y permitir que sean otros artistas quienes actúen sobre el circense escenario de la prensa deportiva patria. Así las cosas, con un equipo Real desterrado de la Copa de un Rey merced a una no-notificación a un ruso con acento de Toledo, ayer fueron otros quienes representaron la ópera bufa del día.
Vale que lo de anoche en el Campo Nuevo no fuera Falstaff precisamente. Su libreto no resultó chispeante, ni su invención melódica, refinada. Más bien nos encontramos ante una sucesión de macarradas varias y mofas diversas, que tuvieron al deslenguado de Gerard poniendo la guinda de un partido digno de aquella Royal Rumble de los 90 en la que tipos tan serenos como Macho Man, El Enterrador, Hulk Hogan o el Sargento Gorila dirimían sus porfías en una jaula a base de codazos aéreos y patadas voladoras. Hoy arrancamos el portanálisis de la jornada con la Factoría de Butifarras escandalizada con tanta intensidad choliana sobre esa Filarmónica de Castelldefells que se empeñan en hacernos tragar que es el Barça. Tamaño es el escándalo suscitado por la leña que se repartió anoche en el coliseo blaugrana que poco ha faltado para que los periódicos catalanes, los Sportivos y la denominada prensa seria, firmaran hoy un editorial conjunto para denunciar la osadía del Espanyol de Barcelona (sí, de Barcelona) por atreverse a plantar cara a su rival. Antes de comernos las uvas la caza del periquito ya había comenzado. Al menos no podrá decirse que la Factoría de Butifarras no se moja a la hora de escoger quién es més (que un club) y quien es menys en ese pequeño país de allí arriba a la derecha.
Mundo Deportivo no tiene dudas al respecto. “Golea el fútbol”, proclama el diario de Godó, Grande de España, para demostrarnos que cuando son las piernas envueltas en tutú de los jugadores azulgranas las que sufren las patadas se trata siempre de violencia, dejando el cacareado término “intensidad” para el Atlético de Madrid de Diego Pablo, acostumbrado a curtir medias blancas a base de hachazos sea en el Manzanares o la Castellana. A ver si nos enteramos de que al Barça no se le puede pegar porque representa los valors, la humiltat, el tiki-taka, la paz en el mundo, los Derechos Humanos y el Código de Hammurabi, todo por el mismo precio.
No cabe duda de que el derbi fue bronco –“acciones poco deportivas”, ilustra MD- y que tal como apunta el perico Javi López, el festival de tarjetas que se saldó ayer con dos españolistas expulsados comenzó después del empate liguero entre ambos equipos que desató el correspondiente vendaval propagandístico de la maquinaria nacional-barcelonista en brillante término ideado por el presidente del RCD Espanyol, Joan Collet. Insistimos: el Barça es como un equipo de futbolín. Se mira pero no se toca. Estos pericos no aprenden.
No seremos nosotros quienes aplaudamos el indecente pisotón de Pau López sobre Messi, ni el escarnio caníbal de Luis Suárez mostrando jocoso todo su teclado dental al portero españolista después de un gol del Barcelona. Tampoco abundaremos en los edificantes “te voy a reventar” o “sos un desecho” que se escucharon en el túnel de vestuarios después del encuentro. Ni siquiera deslizaremos broma alguna (bueno, sí) sobre la portada de Sport en la que el ínclito Piqué parece portar a Leo como un Tamagotchi. No lo haremos. En cambio les proponemos un ejercicio de fantasía pero sin Mickey Mouse vestido de mago danzando con escobas encantadas. Imaginen que todo lo que sucedió anoche hubiera tenido al Real Madrid como protagonista. No existiría lugar en la faz de la tierra donde escondernos de la ira del Tribunal de la Santa Inquisición de la prensa deportiva buscando quemarnos en la hoguera por brujas, herejes, hienas o lo que se tercie. Sigan imaginando e imaginen por ejemplo que en lugar de Piqué –“espero que ‘la maravillosa minoría’ llene su campo en el partido de vuelta”- hubiera sido, no sé, Moufistófeles quien se hubiera mofado de manera tan explícita de la afición del equipo rival. Deportado a alguna antigua república soviética se nos antoja poco. Claro que el de Setúbal no es ningún "muchacho especial", Vicentón dixit, ni resulta fundamental para el equilibrio de esa sacrosanta cosa que se ha dado a llamar La Roja. Mourinho es malo y punto. A ver si aprendéis.
Fíjense si lo de anoche en el Campo Nuevo fue escandaloso que hasta el Ouija Today ha amanecido hoy angustiado. Tan es así que más allá de los dos periquitos expulsados, As destaca en su primera plana que la MSN recibió tres tarjetas. Qué escándalo. Qué país. A dónde vamos a llegar.
Sin embargo hoy reservamos un breve espacio del portanálisis para aplaudir el editorial de Relaño. Tanto nos ha gustado, que reproducimos unas de sus líneas: Al perico le pudre que sólo se considere catalán fetén al que es del Barça y se siente ignorado, pospuesto o maltratado incluso por los medios que coadyuva a sostener con sus propios impuestos. Clap, clap. Cuando As y su director se alejan del Campaña sobre Campaña que diría John Carlin y que magníficamente comentó en La Galerna Juanma Rodríguez, resulta quizás, que, a lo mejor, remotamente, tal vez, podríamos estar incluso ante un periódico deportivo. Ya sabemos que Relaño fue un excelente periodista antes de abrazar el Lado Oscuro. Reverso tenebroso de la Fuerza en el que se manejan el herniado, el Narciso y el chantajista, un trío defenestrado que resulta que ha marcado los mismos goles en Liga que los Tres Sudamericanos. As se acaba de caer del guindo.
Allí, en el guindo, permanece Marca con una portada extemporánea ajena en la medida de lo posible a los mamporros de Barcelona. Monsieur Zidane, como antaño, llenará el Bernabéu. Nos congratulamos por ello, aunque nos veamos en la obligación de recordar que no es precisamente el entrenador –ni sus cachetes colorados- sino los jugadores -ahora despojados de coartadas- quienes deben llenar y hacer vibrar el viejo campo de Chamartín. Por lo demás, ilustrar un titular según el cual Zidane llena el Bernabéu con una foto de Zidane en el centro de un estadio semivacío es cosa que piadosamente atribuiremos a la resaca de las fiestas navideñas o la depresión inherente a la cuesta de enero que a todos nos asola.
Esperemos que nadie allí arriba a la derecha se rasgue las vestiduras por este nuestro “intenso” portanálisis del día.
¿O deberíamos decir “violento”?
Qué lío.