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Destacados·13 de enero de 2021

Vinícius como muestra

D

Décimo Cornelio

Durante siglos perduró la idea de que las golondrinas en lugar de migrar a climas más cálidos, hibernaban. Aristóteles creía que las golondrinas y cigüeñas pasaban el invierno enterradas en el barro, a la manera de sapos y ranas. Olaus Magnus escribía en 1555 que las golondrinas se escondían en el lodo de los lagos y pantanos. Linneo todavía creía en 1758 que dichas aves se escondían durante el invierno, bajo los tejados entre otros lugares. Unos cuantos años más tarde, John Hunter, anatomista escocés, cirujano radical, empírico convencido, de métodos tan expeditivos como para inocularse el pus gonocócico y realizar la primera inseminación artificial de la historia, no tenía claro aquel lugar común; así que capturó parte de una bandada de golondrinas, las sumergió bajo el lodo y esperó la llegada de la primavera.

Santiago Hernán Solari, madridista ilustrado, de pensamiento crítico y convicciones valientes, optó por un método similar. Frente a las dudas reinantes en el ambiente, frente al escepticismo previo de Lopetegui, sometió a Vinícius a un procedimiento agresivo de titularidades. El mozalbete del que la prensa maledicente rumoreaba que carecía del nivel necesario para los rondos del primer equipo, ése que apenas había jugado un par de partidos en 2ªB entre patadas alevosas, mordiscos en la cabeza y críticas de todo tipo, demostró sobradamente su valía.

Vinícius Solari

Vinícius no sólo mostró descaro, arrojo y coraje, sino que fue capaz de echarse el equipo a la espalda; no sólo se dedicó a regatear y a desbordar hasta la línea de fondo, sino que concitó las esperanzas de la afición en un periodo oscuro. Vinícius pedía una y otra vez el balón, encaraba a un adversario tras otro, percutía por su banda sin desmayo, rompía cinturas y sóleos rivales, y cargaba con el peligro ofensivo. Su función fue casi de faro. Sin embargo, la maratón de partidos fue tal que Vinícius se rompió en el partido de vuelta contra el Ajax. Ahí se acabó la temporada del púber brasileño, de Solari, y del equipo.

Santiago Hernán Solari, madridista ilustrado, de pensamiento crítico y convicciones valientes, sometió a Vinícius a un procedimiento agresivo de titularidades. El mozalbete demostró sobradamente su valía

La lesión fue de consideración, rotura de los ligamentos del tobillo derecho. La recuperación, inevitablemente lenta. Antes de que pudiera volver a tener ritmo de competición, las críticas se centraron en Zidane, que había acudido al rescate de la plantilla y de la institución. Primero se dijo que a Zidane no le gustaban los jugadores jóvenes, que sólo confiaba en su bloque de veteranos. Después se insistió en que a Zidane no le gustaba Vinícius; más tarde se porfiaba que le había quitado la confianza. De hecho, todavía lo dicen.

En el verano de 2019 llegó Hazard para colonizar la banda izquierda. Desde luego, no entraba en los planes ni del belga ni del madridismo que nos lesionaran al 7 a las primeras de cambio, ni tampoco recurrentemente. Cada convalecencia de Hazard, suponía una nueva oportunidad para las capacidades de Vinícius. Vini lució compromiso defensivo, eficacia en la presión, llegada generosa y desborde solidario. Sin embargo, a esas alturas el viento ya había girado.

El jugador al que la prensa había recurrido para propinar azotes a todo el mundo: primero a Lopetegui cuando no participaba; luego a Isco, a Bale y a Lucas Vázquez cuando jugaba con Solari; más tarde a Zidane cuando terminaba de recuperarse tras la lesión; se llevaba ahora una linda patada en las nalgas. El vértigo se había convertido en atropello, la audacia en torpeza, el optimismo en atolondramiento, el desequilibrio en constantes pérdidas de balón, el descaro en falta de confianza, la alegría en melancolía, y una estrella emergente en un jugador cómico, en un meme con patas.

Una buena parte de la afición, cada vez mayor, decide transitar esa senda de la desdicha que supone primar los defectos sobre las virtudes, ignorar la proyección y las cualidades, anteponer las carencias sobre las fortalezas

Una buena parte de la afición, cada vez mayor, decide transitar esa senda de la desdicha que supone primar los defectos sobre las virtudes, ignorar la proyección y las cualidades, anteponer las carencias sobre las fortalezas. El desánimo cunde por doquier, el muchacho no vale. El aficionado que se había levantado del asiento cuando el brasileño cogía el balón da paso a un runrún de insatisfacción. Se masculla el pesimismo: no centra bien, se deja el balón atrás, no tiene gol, no elige bien las jugadas, confunde las opciones. La bandera de la esperanza, un jugador con 15 años de carrera por delante, un jugador mucho más completo y maduro, vuelve a ser aquel menino recién llegado, falto de nivel para jugar en el Real Madrid. Las golondrinas vuelven al fondo de las lagunas, se entierran en el barro.

Ésa podría ser la secuencia general, pero si ponemos ahora algo de perspectiva y de autocrítica, es evidente que no se juega igual con el viento a favor que bajo el escrutinio constante. Es evidente que el desempeño no es el mismo bajo la mirada severa y el juicio destructivo que bajo el apoyo incondicional o al menos la comprensión o cierta tolerancia amistosa. Conviene no olvidar que se trata de un jugador aún en pleno proceso de formación, que incluso si no consiguiera evolucionar más allá, ha demostrado poder liderar el ataque en los momentos sombríos, poder ser un suplente más que competente de una estrella mundial como Hazard, y poder funcionar como un revulsivo de calado.

Hazard Vinícius

La parte oscura de la secuencia entraña una muestra más del doble rasero, del fuego amigo, y de las campañas de lavado o de ensuciado de imagen. Sirvan como botón todos los comentarios laudatorios que reciben en las retransmisiones, las crónicas, las tertulias y los artículos de opinión, Pedri, João Félix y Ansu Fati. En tales casos se ignoran los fallos y se ensalzan los aciertos; se magnifica la proyección, se potencia el futuro y se refuerza el presente. Reflexione el lector, por un breve momento, si su hijo preferiría la camiseta del nuevo Zidane, o del siguiente Ronaldo Nazario, o la de un jugador que se tropieza solo y del que se hacen burlas y chistes de manera frecuente. Piense en términos de mercadotecnia cómo se revalorizan unos, aun con un mercado menor, y cómo se deprecia un jugador con millones de admiradores en Brasil y un mercado planetario.

Tengamos presente aquello que dijo Ramón Mendoza hace ya unas cuantas nevadas: no se juega con el patrimonio del club que amamos

La narrativa no sólo afecta a la imagen del jugador, sino también a las cuentas y al patrimonio de la entidad. Hagan la prueba de comparar los precios de mercado de Pedri, João Félix y Ansu Fati con los de Rodrygo y Vinícius. Comparen también los goles y asistencias por minutos de unos y otros. Ciertamente no es lo mismo comprar ilusión que comprar pesimismo; no es lo mismo vender calma y paciencia que vender crisis y derrotismo; no es lo mismo hablar de esperanza que de frustración. No es lo mismo dar estabilidad que desestabilizar. Todo ello tiene consecuencias estéticas, éticas y monetarias para el madridismo. Por consiguiente, no caigamos en ciertas trampas, defendamos a nuestro equipo, apoyemos a los nuestros con paciencia y confianza. Rechacemos aquello que vaya en perjuicio de nuestro Real Madrid. Tengamos presente aquello que dijo Ramón Mendoza hace ya unas cuantas nevadas: no se juega con el patrimonio del club que amamos.

 

Fotografías: Getty Images.

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