Vuelve nuestra competición
La Galerna
Buenos días, amigos. Sí, es noche de Champions otra vez. El Real Madrid tiene una cita con la gloria, porque es esa época del año. La Champions es la Navidad del fútbol, ese tiempo que todo el mundo espera afanosamente, sin descuidar los quehaceres rutinarios (que aquí se llaman liga) pero con la vista puesta en la competición fetiche, la que da la medida exacta de la grandeza sin posibilidad de error, dado que la grandeza es ella. La temporada del Madrid comienza en marzo/abril, como dijo Kroos ayer en una rueda de prensa memorable antes del partido frente al Leipzig.
Lo de la "fiabilidad alemana" es el tópico de los tópicos, amigos de Marca. Pero ¿qué le vamos a hacer si los tópicos tienen la mala costumbre de ser ciertos?, responderéis, y no os faltará razón. Los tópicos sobre los alemanes, quizá por la cuadriculación (otro tópico) son quizá especialmente indiscutibles. Una aerolínea low-cost mostraba en un cartel los bajísimos precios de su trayecto Madrid-Berlín, y para despejar dudas añadían: "No estamos de broma, somos alemanes".
Los que también son alemanes —aunque As traiga en su portada al español Dani Olmo, una de sus estrellas— son los del Leipzig, y cuidado porque sus no-bromas se traducen en goles de sus dos peligrosos delanteros. Dice Olmo que jugar contra el Madrid les motiva, pero es casi una verdad de Pero Grullo. Todos los equipos se motivan como nunca al jugar contra el Madrid, pero el Madrid se motiva especialmente cuando juega SU competición, NUESTRA competición.
Para enfrentarse a esos dos peligrosos delanteros (Sesko y Openda), el Madrid alineará a Tchouaméni —extraordinario como central últimamente— y recupera a Nacho, que no está haciendo la temporada de su vida pero a buen seguro recuperará hoy las mejores sensaciones de SU competición, que es la nuestra. Carvajal, fogoso y ejemplar, recuperará la banda derecha, con el inexpugnable Mendy por la izquierda (el Madrid siempre gana cuando juega él, analícenlo sus detractores, asombrosamente numerosos, y tome nota quien debe tomar la decisión de renovar su contrato).
En el centro del campo, ante la conocida ausencia de Bellingham, podemos dar por hechas las presencias del propio Kroos y de los pulmones Camavinga y Valverde. Arriba, la exuberancia implacable de Vinícius y el estilete de Rodrygo, pero ¿quién será el undécimo hombre? La tradición indica que Modric; la coherencia con el estado de forma señala a Brahim; la ley suprema del gol y la conveniencia de añadir centímetros de altura apuntan a Joselu. Esta duda se plantea no sólo para este encuentro, sino también para los tres compromisos ligueros que hay en el horizonte antes de la presumible vuelta ante el propio Leipzig, que es cuando se espera que Jude se reincorpore al equipo. Sobre estas dudas escribiremos hoy en La Galerna.
La prensa cataculé, como veis, arranca el día con la alegría que se gasta últimamente. No podemos decir que se nos rompa el corazón viéndoles así de atacados. Que sí, que después de ocho años analizando sus portadas día tras día se les acaba tomando cariño, pero tampoco tanto como para anular el LOL, como se diría en la jerga tuitera.
Laughing out loud no es precisamente lo que a tenor de sus caras parecen estar haciendo Xavi y Laporta en este preciso momento. Ayer, en esta misma sección, os estuvimos contando cómo el dirigente culé, en un ataque de ira apelotante, arremetió contra una bandeja de catering después de empatar con el Granada. Ya se canta una coplilla en los alrededores de Montjuic.
Si estar a salvo os importa,
humanos y canapés,
jamás empatéis a tres
en presencia de Laporta.
Se rumorea que, si a Xavi se la lía el Nápoles, el acceso de cólera de Laporta será de otra índole, más templado en las formas quizá, pero más taxativo en la toma de decisiones. Sí pierde contra el Nápoles, Laporta optará mejor por comerse los canapés, con la bandeja en el regazo, en completa soledad, sentado en los escalones que conducen a los vestuarios. Cuando salga Xavi, Laporta se pondrá en pie, le ofrecerá al de Terrasa la última tartaleta de rabo de toro y le comunicará su cese, pausadamente, de manera extrañamente átona. Después ya sí, cuando esté sólo, el bueno de Jan se arañará la cara como una groupie de los Beatles en un concierto del Tavern, aunque por razones totalmente dispares. La marcha de su equipo es tan lamentable que Jan ve peligrar la opción de que, cuando llegue el jeque, le nombre CEO, que es ahora mismo toda su aspiración vital.
Pobre Jan. Le deseamos lo mejor.
Pasad un buen día.



