Zidane, Bale y la falsa aguadilla
Jesús Bengoechea
El francés no dejó fuera al galés, sino que éste se borró
“Zidane es mi héroe entre los héroes. Simplemente me pregunto si es imprescindible esto, si está en el camino de ambos (por usar los términos del I Ching) el que el héroe supremo tenga que ejercer sobre otro héroe la aguadilla más triste del verano”. Con estas dos frases plenas de desazón, sobre todo la segunda, trataba yo ayer de plasmar los sentimientos encontrados que me producía la ausencia de Gareth Bale en la convocatoria para el partido trascendental de Champions League que el Real Madrid disputa esta tarde ante el City. Resulta, a tenor de lo revelado por Zidane en la rueda de prensa posterior a la publicación de mi texto, que no ha habido aguadilla alguna, sino que fue el propio Bale el que se sumergió bajo el agua voluntariamente. Fue Bale quien pidió no viajar a Manchester en el entendido de que no iba a ser titular, y esta revelación pone las cosas en un contexto radicalmente distinto al que servía de marco hipotético para mi artículo.
Justo es decir que yo mismo incluía en el texto una cláusula sobre la que se sustentaba todo lo demás. “James ha pedido no jugar, en franco alarde de magra profesionalidad, pero no hay noticias de que Bale haya solicitado lo mismo”. Bueno, ahora sí hay noticias, y las noticias son que Bale pidió exactamente lo mismo que ha sido concedido a James. Sucede que James no tiene una legión de odiadores como la que trae consigo el galés, por la que el hecho de que el colombiano se haya borrado expresamente ha pasado casi inadvertido, mientras con lo de Bale se ha organizado la tormenta perfecta. Yo creo que la tormenta se debería haber organizado en ambas instancias, pues me parece grave que un futbolista rehúse el estar disponible para su entrenador, cuánto más si es un futbolista del Madrid, cuánto más si hablamos de partidos fundamentales como los que jalonaron el camino hacia la Liga (James) o este de hoy, marcado a fuego hace meses en el calendario del madridista (Bale).
Soy conocido por mi defensa de Bale, lo que en mi caso no ha supuesto jamás una exigencia de titularidad ni nada por el estilo, sino la simple demanda de respeto para un futbolista que ha dado muchísimo a la entidad. Como conspicuo defensor de la causa baleísta, estoy ahora mismo hurgando en mis bolsillos en busca de posibles atenuantes para su conducta. Si lo tiene avanzadísimo para irse a otro equipo, tal cosa supondrá un atenuante pero no un eximente, porque renunciar a la posibilidad de jugar un partido de esta magnitud con la blanca se antoja muchísimo renunciar, aunque sea para estar en el banquillo y optar a salir durante el transcurso del choque. El único eximente posible consistiría en que estemos en una situación (y puede ser, porque el eficaz blindaje mediático que practica el Club le permite maniobrar con discreción) en la cual ya haya un equipo de destino que le haya prohibido jugar, con la aquiescencia del propio Real Madrid. Incluso en ese caso, habría sido preferible un acuerdo secreto con Zidane para que no jugara ni un minuto pero estuviera presente en el banquillo, en lugar de escenificar el hecho quedándose en Madrid.
También podrían darse situaciones que afecten personalmente al galés y a las cuales seamos ajenos en este momento. Sirva este supuesto, como también el anterior, como posibles cláusulas que sirvan para este artículo como aquella sirvió para el anterior. En caso de que no se dé ninguna de las circunstancias referidas, Gareth Bale ha obrado con una falta de profesionalidad y de madridismo equiparables a la de James, y ha asestado un golpe mortal a sus escasos defensores en el terreno mediático español, así como en el de las redes sociales.
Nada de esto legitima la aberrante campaña de descrédito que ha sufrido este sensacional futbolista desde que puso el pie en nuestro país. Sin embargo, esta renuncia a la posibilidad de disputar siquiera un minuto en el Etihad, solicitando el abstenerse de viajar, deja exánimes a los partidarios de su causa y pone en bandeja la victoria a los hacedores del escrache más vergonzoso jamás sufrido por un deportista en suelo patrio. Dichos hacedores se sentirán ahora legitimados y brindarán con champán, mientras a los que hemos sido de Bale ya no nos quedarán fuerzas ni de reivindicar la leyenda que, a pesar de este devastador gesto por su parte, inevitablemente es.
Es sólo que ya no me apetece recalcarlo.
Fotografías Getty Images.
