Zidane, Einstein y Aramis Fuster
Jesús Bengoechea
“Yo con Einstein tengo algunos puntos de discrepancia”, declaraba públicamente la prestigiosa médium Aramis Fuster en un reciente programa de sillas. “Se tenía que decir y se dijo”, sentenciaba al respecto un agudo tuitero a la par que se regocijaba con la cita. El tuit triunfó como pocos en el grupo de whatsapp que tienen mis sobrinos y donde han tenido la gentileza de incluirme, pese a pertenecer yo a otra generación.
Otro que parece tener algunos puntos de discrepancia con Einstein es (perdón por el salto) Zinedine Zidane, o al menos con una frase generalmente atribuida al autor de la teoría de la relatividad: “Locura es hacer lo mismo una y otra vez esperando resultados diferentes”. No sabemos si es ahí donde Aramis no coincide con Albert, pero sí parece ser un extremo acerca del cual los dos genios —el de la física y el del fútbol— no se ponen del todo de acuerdo.
La distancia que existe entre Zidane y yo es todavía superior a la que existe entre Aramis y Albert. Sin embargo, me vais a permitir la temeridad de señalar lo que veo, que no es otra cosa que una obstinada renuencia a experimentar con otras fórmulas (y con otros hombres) por parte de nuestro queridísimo Zizou, y ello a pesar de que los resultados últimamente no acompañan. No lo hacían al comienzo de la temporada y ahora, cuando se había recompuesto el rumbo admirablemente, han dejado de hacerlo con irritantes empates ante Elche y Osasuna y una no menos insatisfactoria eliminación supercopera ante el Athletic. Desoyendo el consejo del sabio alemán, Zidane parece empeñado en obtener resultados distintos (más halagüeños) haciendo lo mismo una y otra vez, es decir, atacando igual, defendiendo igual y haciéndolo siempre con los mismos once hombres.
Zidane parece empeñado en obtener resultados distintos (más halagüeños) haciendo lo mismo una y otra vez
No soy yo quien deba revelar a Zizou nuevas formas de juego. Sería como si la Fuster emborronara la pizarra con fórmulas matemáticas destinadas a iluminar a Albert, entre suspiros de impaciencia. Solo me compete consignar, desde el inmenso amor que le profeso al francés, que detecto inmovilismo, que no lo comprendo y que (si bien estoy convencido de que no es el caso) el inmovilismo puede fácilmente confundirse con autoindulgencia, máxime cuando sus ruedas de prensa cada día pueden resumirse más invariablemente con una especie de lacónico “esto es lo que hay”.
Insistimos en hacer lo mismo de forma inveterada, esto es, hacer circular el balón insistentemente por los alrededores del área para terminar metiendo un centro lateral que la inexistencia de un rematador nato en el equipo suele convertir en intrascendente. Como no hay delanteros que sean rematadores natos (o los que hay/ha habido no convencen a Zidane), incorporamos al área rival a futbolistas como Casemiro o Ramos, lo que deja atrás huecos susceptibles de ser aprovechados por el rival). No se intenta nada nuevo, o no se intenta antes del minuto 80. Tampoco se adivinan nuevas variantes en el juego a balón parado, tantas veces desatascador de partidos y alternativa que sigue sus propias reglas, con independencia de la fluidez del juego. El Madrid se forró a marcar goles a balón parado en los primeros meses de Zidane en el cargo, pero no se han explorado nuevas vetas en este apartado y la cosecha parece roma.
Tampoco se prueba a nuevos jugadores, o (nuevamente) no se prueba hasta cerca del minuto ochenta. Se dirá que Zidane no dispone de mimbres, o que aquellos de los que dispone están muy verdes por razón de edad. ¿Es así realmente? Valverde ya fue fundamental el año pasado (en el Real Madrid, no en un equipito de fútbol-playa en Punta del Este), Ødegaard fue el mejor centrocampista de la Liga y Vinicius, con sus defectos, sometió a equipos como el Barcelona hace no tantos meses, echándose el equipo a la espalda. ¿Ninguno de ellos (incluso Jovic podría entrar aquí) servía como alternativa seria a partidos cuyo rumbo estaba torcido? (En esos partidos pueden incluirse también aquellos que acabaron ganándose de manera más o menos agónica o poco convincente, que es —no nos engañemos— nuestra forma de ganar más habitual. Las alternativas no deben explorarse solo como variantes para volver a ganar, sino también como vías para volver a convencer y acercar al equipo a una mayor suficiencia que permita soñar con marcadores algo más holgados de vez en cuando).
Soy muy consciente de que el Madrid está muy lejos de tener una unidad B como la que existía el año del doblete. Pero de ahí a pensar que la práctica totalidad de los jóvenes por los que apuesta el club no están en disposición de contribuir absolutamente nada en el corto plazo me parece que media un abismo. Te quiero, Zidane, pero debes probar. Si el corto plazo te estuviera dando la razón, podrías permitirte el lujo de posponer el futuro. Pero no estás ganando, Zizou, los resultados no son los apetecidos. Si no experimentas, hasta Aramis Fuster será capaz de profetizar el inexorable cumplimento de la sentencia de Albert.
Fotografías Getty Images.

