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Destacados·29 de noviembre de 2020

Zidane el ferretero

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Fred Gwynne

El 10 de julio del año que viene, veinte años después de que fuese presentado por Florentino Pérez como jugador del Real Madrid, cumpliremos dos décadas intentando, sin ningún éxito, desentrañar a Zidane.

Zidane es, a pesar de esa calva que lo humaniza, un gran misterio. A mí, dejando de lado ese aire etéreo que ya tenía flotando sobre el césped, esa vaguedad que le hace tan volátil, y pensando en algo tan terrenal como una llave inglesa o un formón, me recuerda a Paco, el ferretero de mi barrio, un hombre normal, del montón, de unos cuarenta años, parecido a Alfredo Landa, que era ferretero de cara al público y cuarto dan de judo de cara a los tres pobres idiotas que se equivocaron de presa al asaltar su ferretería.

ferreteria

Aquellos desgraciados que, al salir de su pequeño negocio con la recaudación del día en una pequeña cartera de cuero, intentaron atracar a Paco, cometieron, como en la película de Clint Eastwood, dos errores, el primero fue pedirle el dinero, y el segundo, el que desencadenó sus problemas óseos, fue, ante su rotunda pero educada negativa, sacar un par de navajas para intimidarle. Imagino, pues yo ya había experimentado en un mullido tatami y no en el duro cemento como se las gastaba Paco, que antes de que se pudiesen dar cuenta de lo que les estaba sucediendo, uno de ellos, intuyo que el más cercano, vería en un giro completo de su cuerpo, primero el cielo y luego, después de un enorme crujido de sus costillas, la tierra. El segundo atracador, que a la postre resulto ser el más tonto ya que después de ver lo que le había sucedido al primero siguió insistiendo en el error, es muy posible que acabase mirando, entre una mezcla de miedo y estupor, la fractura abierta de su codo; y el tercero, que resultó ser el más listo de la terna, al ver el éxito cosechado por el primero y el segundo, optaría por la solución más recurrida en estos casos para mantener todos los huesos del cuerpo en su sitio: correr.

Zidane es el Paco de los entrenadores, un hombre normal, sonriente, como despistado, al que han intentado atracar dialécticamente acusándole de jardinero cientos de veces, sin saber, hasta que era demasiado tarde y estaban volando por el aire en busca de una nueva costalada, que además de cultivar flores, regenta una ferretería.

Intentar entender a Zidane es absurdo, una perdida de tiempo, no sigue ningún cauce, él es el cauce.

Mis certezas con Zidane tienen, exceptuando aquellas que podemos contemplar en el Museo del Bernabéu, los pies de barro: se retiró como jugador perdonando, algo que hasta donde yo sé nunca nadie había hecho, el último año de contrato y en un estado de forma envidiable; después de marcar el gol más bello de la historia de la Champions para conseguir la Novena, ayudó a Ancelotti a ganar la Décima y encadenó como entrenador, de una sola tacada, la Undécima, la Duodécima y la Decimotercera; ganó todas sus finales; conquistó la Liga de la pandemia jugando a la italiana y arrasó en finales jugando como Alemania; se fue en lo más alto, cuando nadie lo esperaba, y volvió en lo más bajo, cuando nadie lo intuía; se jugó una eliminación de Champions con 11 jugadores y a los tres días, con la Liga en el alambre, en un partido trascendental, apostó por un once con nueve cambios; inventó la unidad A, la unidad B, las mezcló y consiguió batir en una sola temporada el récord de títulos de toda la historia del Real Madrid; confió en quien supuestamente nadie confiaría y dejó de confiar en quién merecía toda nuestra confianza; jugó a nada y lo ganó todo.

Intentar entender a Zidane es absurdo, una perdida de tiempo, no sigue ningún cauce, él es el cauce. Nadie se acerca a su inmenso talento, hablar de flor o aliniador a estas alturas es de atracadores de tres al cuarto, de Zidaplanistas. Ha dado lecciones, sin pretender dar lecciones, sin más propaganda que su humildad, su jardín de flores y sin alzar nunca la voz, a Simeone, Guardiola, Luis Enrique, Sarri, Klopp, Conte, Heynckes, Allegri y a muchos entrenadores más que, en un momento u otro, aprovechando que Zidane estaba cogiendo aire, han sonado como nuevos técnicos para el Madrid. Tiene más carisma, más humildad y más pelotas que todos ellos juntos y no tardará en tener más títulos.

A Zidane hay que disfrutarlo, no entenderlo, al fin y al cabo es un ferretero metido a entrenador.

 

 

 

 

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