Zidane, la cara oculta de Bordalás
Mario De Las Heras
El entrenador Bordalás se está ganando, sin duda, los elogios generalizados. Un profano como yo tiene que creer a los expertos. Lo malo es la desconfianza, el recelo, que es una característica de la ignorancia. A mí como ignorante enseguida se me activa la suspicacia ante el repentino consenso, que me parece producto de un plan maquiavélico.
Los ignaros siempre vemos maquiavelismos en las insistentes aquiescencias populares. Supongo que estas reacciones tienen que ver con el hecho de que me acuerde de Jémez, de Lillo, de Setién o incluso, en otro orden de cosas, de Bielsa. Todos estos entrenadores magníficos recibieron en su día una inopinada avalancha de parabienes que solía contrastar con la desoladora ausencia de resultados.
La cosa debía de fundamentarse en la filosofía, en una suerte de estética peregrina (y sin embargo reconocida, se diría que oficial) sin la certificación de las victorias. No es el caso de Bordalás, pues la trayectoria de su equipo y su posición en la tabla liguera no da lugar a interpretaciones.
El Getafe lo está haciendo bien y por eso mi sospecha de iletrado se ve atenuada, si bien no erradicada porque no puedo dejar de pensar en Zidane, el entrenador más famoso del mundo y quizá el mejor. El que más importantes títulos ha conseguido en los últimos años. El hombre que ha logrado revitalizar una plantilla amenazada de ruina tras la marcha de Cristiano, desahuciada por todos, incluidos los expertos en los que un lego como yo cree sin dudarlo.
El mismo que dirige al equipo líder de la Liga española y uno de los favoritos, por supuesto, para ganar la Copa de Europa, nunca, jamás, ha recibido elogios unánimes como los que recibe ahora Bordalás.
Lo que sí recibió en su momento fueron críticas unánimes. Por lo demás el silencio. Un silencio de alipori, ha de decirse, por la incomparable categoría del sonido. Cualquiera pensaría que los expertos que elevan la figura del estupendo entrenador Bordalás no elevan la figura del mítico entrenador Zidane por cuestiones distintas al mérito y al éxito exclusivos.
Alguien ha llegado a llamar a este alicantino de moda “el nuevo Pep”. Y es entonces cuando se me disparan las escamas. Cada vez que aparece una ola de panegíricos como la del técnico getafista yo me vuelvo escéptico, casi taciturno, debido a ese silencio tan escandaloso como parcial que hace estallar los tímpanos del madridismo.