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Destacados·25 de enero de 2021

Zidane no es Dios

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Mario De Las Heras

Una parte de la afición diviniza al entrenador madridista

Oigo sin cesar al aficionado cercar el Versalles de Zidane. ¡Los jóvenes! ¡Queremos a los jóvenes!, se oye decir. ¿Acaso el entrenador del Madrid es un rey cuestionado? Más de uno pensará que de facto es un cargo semipúblico. Por eso grita. Pero no, es privado. El Real Madrid es un club privado (de sus socios) y universal, de aquí el conflicto. Hay un aficionado que vive su afición pendiente de tomar la Bastilla. Y para ello le vale lo primero que le aparezca a mano. Todo, en realidad.

Ese sans culotte madridista ahora quiere a los jóvenes y la cabeza de Zidane. Pero Zidane no está en Versalles sino en Valdebebas, que es por donde ve correr a sus jugadores. Los sans culotte no vemos correr a los jugadores. Los ve Zidane (ahora, antes los vio Ancelotti, Mourinho...). Y hay aficionados que piensan que los que le apoyamos (como apoyamos a Ancelotti o a Mourinho) pensamos en él como en una divinidad, como en un Rey Sol. Pero es al revés. Es paradójico, pero los que quieren eliminar a Zidane es porque piensan en él como en un dios.

Será la razón quien, llegado el caso, prescindirá de Zidane (la suya o la de sus jefes, igual que ha sido siempre), como ya fue la suya (con el respeto de sus jefes) la que provocó su marcha

Y Zidane es sólo el entrenador del Real Madrid que decide, manda y ordena en el Real Madrid porque es el entrenador del Real Madrid. No una divinidad. Al crítico le gusta verlo como tal porque le es más emocionante la revolución que la razón. Pero será la razón quien, llegado el caso, prescindirá de Zidane (la suya o la de sus jefes, igual que ha sido siempre), como ya fue la suya (con el respeto de sus jefes) la que provocó su marcha.

Al aficionado crítico (con Zidane, en este caso) le gusta pensar que es parte de todo este asunto. Pero no lo es. La presión popular no toma la Bastilla, ni el pueblo entra en Versalles para llevarse a los reyes. Cree que sí, naturalmente. Y está bien que crea. Cada cual que crea en lo que considere mejor. Y el madridista cree en el Madrid. El Real Madrid es un objeto de creencia sin igual. Un objeto de fe. Y en la fe el madridismo debe encastillarse y en la fe el madridismo se debate en todo momento, aunque crea (o se crea) que no cree.

Florentino Pérez y Zinedine Zidane.

El madridista crítico con Zidane le ve como un dios porque sufre la soledad que produce su silencio. La ausencia de respuesta a sus preguntas. El silencio de Zidane, que es el entrenador del Real Madrid, que se debe al Real Madrid, y el silencio discreto y autoprotector del Real Madrid. El madridista que viene con antorchas y pide a los jóvenes y la cabeza de Zidane es en realidad un devoto creyente en el Real Madrid y en Zidane como seres desconocidos e incognoscibles que producen su angustia, la condición esencial del ser humano, como decía (se lo leo hoy a Cuartango en ABC) Kierkegaard.

Esa insistencia del crítico con Zidane le hace su mayor devoto (de Zidane como divinidad, y también de Kierkegaard), en curioso contraste con el defensor (de Zidane) que le desnuda sin angustia (es feliz), le despoja de todo halo de deidad (aunque parezca lo contrario por su apoyo incondicional) para verlo simplemente como el entrenador del Real Madrid, que hace lo que cree oportuno como entrenador del Real Madrid porque es (y sólo es) el entrenador del Real Madrid, por mucho que algunos devotos madridistas le eleven a los cielos con su crítica piedad.

 

Fotografías Getty Images.

 

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