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Destacados·23 de enero de 2021

Zidane y el posible 'efecto Valverde'

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Antonio Vázquez

En este momento es innegable que el Real Madrid experimenta gran zozobra a nivel deportivo, sumergido en una racha negativa de resultados que en el 13 veces campeón de Europa siempre es sinónimo de dudas, exigencias o señalamientos. Son muchos los dedos que apuntan a Zinedine Zidane como máximo responsable de la decadencia de este elenco de futbolistas. Es obvio que el técnico tiene mucha responsabilidad, pero mi perspectiva con el paso de los partidos se sitúa más cercana a que el galo ha conseguido durante esta segunda etapa como técnico madridista enmascarar unas carencias de la plantilla cada vez más obvias, que antes sólo asomaban y ahora se exhiben descaradamente.

Tengo muchas dudas con respecto a que la casi inevitable marcha de Zidane, en medio de la temporada o al final de la misma, vaya a reconducir la trayectoria del equipo. Y sospecho que puede haber muchas similitudes con lo que le ocurrió a nuestro eterno rival cuando, hace poco más de un año, fulminó a Ernesto Valverde. Lo que ha demostrado el tiempo fue que el entrenador vasco era lo más parecido al último puntal que sostenía una construcción concebida con grandes errores. Sus sucesores, lejos de mejorar sus números, los empeoraron. Y el que otrora era considerado el gran culpable de la debacle ha acabado siendo reivindicado. Me gustaría equivocarme y que un simple cambio de inquilino en el banquillo supusiera un revulsivo para alargar la vida útil de esta generación y mantenerla en la elite, pero no hay ningún indicio que me haga pensarlo.

Zidane Valverde

Para empezar, creo que se ha errado en el complejísimo proceso de renovación de un equipo de leyenda. La plantilla de 2017, probablemente la mejor haya visto en cualquier equipo o selección en mi vida, se ha descapitalizado continua y drásticamente. Mientras parte de la columna vertebral iba envejeciendo, y en algunos casos perdiendo la forma competitiva hasta niveles alarmantes, se permitía el traspaso del futbolista más desequilibrante que habíamos disfrutado en décadas sin siquiera intentar encontrarle un reemplazo. Sostuve y sostengo que la venta de Cristiano Ronaldo era obligada por sus exigencias, el montante que se obtenía y la edad del jugador. Pero es difícil de entender que no se empleara ese ingreso en buscar un puntal que, sin alcanzar su nivel (una utopía), sí pudiera aportar el poder finalizador que se perdía súbitamente. La teoría de que sus goles se repartirían entre los demás caducó en un parpadeo. Lo más probable es que se pecara de la arrogancia propia del ganador.

Se creyó que el Madrid de las tres Champions seguidas era invencible por ser el Madrid, despreciando la lógica del fútbol, por la que necesitas jugadores de perfiles muy determinados para tener éxito. El equipo tiene un problema crónico con el gol, con la transformación de ocasiones que, además, tampoco son tan numerosas como en años recientes. Esta rémora se soluciona a corto plazo sólo con fichajes, pero hay que asimilar que la coyuntura económica presente y la incertidumbre ante el futuro cercano no invitan a arriesgarse y contraer deuda para hacer contrataciones.

Cristiano

Además, debemos recordar que tras el fracaso del primer ejercicio post-CR, el Madrid sí sacó la chequera. El problema es que no acertó con las llegadas. Hazard no ha sido el mascarón de proa del proyecto que se buscaba y tras temporada y media discreta (siendo generosos) no parece sencillo que vaya a ser capaz de serlo jamás. Jovic y Militao tampoco han apuntalado la vanguardia y la retaguardia, a pesar de los 110 millones invertidos entre ambos. Y nuestros jóvenes, por muy cuestionados que estén, siguen en pleno proceso de evolución, lógico y previsible, aunque difícil de digerir para una entidad donde la exigencia es máxima e inmediata, a la altura de la historia del club. Antes se contrataba a estrellas plenamente consagradas y ahora hay que forjarlas, pasando por un periodo inaplazable de aprendizaje. La eliminatoria contra el City del año pasado quedó sentenciada por gravísimos errores individuales de nuestros jugadores, pero la sensación en los 180 minutos era que el Madrid estaba un escalón por debajo de los citizens, algo que se podía hacer extensible al resto de los principales contendientes por el cetro europeo. Pues bien, el peldaño ahora puede que sean más bien dos o tres.

Hazard Militao Jovic

No pretendo exculpar a Zidane. Como entrenador, tengo la sensación de que no ha aprovechado buena parte los recursos a su disposición, aunque estos vayan mermando año a año, porque se sentía más seguro acudiendo a aquellos que mejor conoce, traicionando en cierto modo su, hasta hace poco, innegociable filosofía de la rotación. Tampoco tengo la obsesión de muchos aficionados por entender lo que hace en cada momento o conocer los criterios para repartir protagonismo (criterios que ignoramos de todos los entrenadores, por otra parte). No le pagan para que tome decisiones que satisfagan a los seguidores, sino para encontrar la fórmula de la victoria; algo que había conseguido hasta este año, pero ahora no.

Me llama notablemente la atención que el equipo que había construido tras el confinamiento, el del memorable sprint final de la última liga, se haya deshecho repentinamente. Aquella racha se cimentó en una defensa formidable, en la construcción de una muralla alta, pesada y profunda, que apenas concedía al rival, y que ahora se asemeja más a las puertas abatibles de un saloon. En la presente campaña los mismos jugadores y con la misma disposición han conseguido victorias inapelables sobre Barcelona, Atlético o Inter, los tres rivales más potentes sobre el papel a los que se han enfrentado. Por otra parte, equipos como Cádiz, Alavés o incluso el Alcoyano han doblegado al vigente campeón de España con una fórmula tan simple como rigor táctico defensivo hasta que surja la posibilidad de dar un zarpazo (posibilidad que ahora siempre se da). Considerando los tremendos problemas para sumar goles y victorias contra conjuntos de este perfil, es decir, la mayoría de los que se va a encontrar el Madrid, el panorama no es halagüeño precisamente.

El canto del cisne de esta generación formidable fue probablemente Cardiff 2018. Desde allí, todo ha sido una lenta agonía, maquillada en parte por la Liga (y la Supercopa) de la temporada pasada, más meritoria de lo que se consideró entonces. A la era Zidane le quedan días, semanas o meses, pero mucho me temo que su casi inevitable marcha es sólo una parte, y no la principal, de los cambios que hay que emprender para retornar a un lugar preferencial.

 

Fotografías: Getty Images

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