Zinedine Zidane 4-2-3-1
Ramón Villanova
Todo el que conozca al Real Madrid, ya sea de oídas o por haber sufrido su voracidad, sabe y entiende que la exigencia siempre es la máxima. Los fichajes de esta pretemporada han tenido una voluntad evidente de elevar el nivel del fondo de armario, en evidencia la temporada pasada con un Vinicius recién llegado a España y a la mayoría de edad como gran esperanza arriba. Situaciones como ésas han hecho replantearse las cosas a Florentino, que ha decidido engordar el banquillo de alternativas. Pese a la necesidad imperiosa de hacerlo existe algo más grave, un problema de base: el sistema de juego.
El ciclo glorioso, con Zizou a los mandos, asentó un 4-3-3 que hoy por hoy ya no es posible. No sólo porque el físico de Modric haya caído en picado o porque Kroos parezca últimamente un jubilado de 29 años, sino porque la principal pieza que oxigenaba y liberaba a los dos interiores, Casemiro, ha sufrido un golpe de realidad. La temporada pasada mostró un Madrid roto, partido, y el primero al que se le vieron las costuras fue al 14, incapaz de cumplir con el cometido que le llevó a ser indiscutible en las tres Champions consecutivas. Falto de creatividad, ideas y recursos en la salida, la pasada campaña puso de manifiesto ante el mundo que al brasileño le viene grande la posición de pivote único. No es que sea mala noticia, todo lo contrario: habiendo tomado la determinación de apostar por Casemiro, confirmada con la venta de Marcos Llorente, ZZ debe encontrar el socio ideal para él en otro sistema que proteja sus carencias y explote sus virtudes: el 4-2-3-1.
Para los más idealistas, para los inventores del fútbol, jugar con este dibujo podría considerarse arcaico, defensivo e incluso cobarde. A esos hijo del ventajismo más rancio les diría que pocos sistemas dan mayor equilibrio al equipo,ofreciendo un esqueleto sólido y a prueba de bombas.
Abandonar el 4-3-3, reubicar a Karim y proteger a Casemiro con otro pivote, entre las asignaturas pendientes del técnico.
Partiendo de esta base, la clave para explotar este sistema es que Zidane se adapte a la realidad de su plantilla y afronte dos decisiones importantes: la primera es que Casemiro ya no puede jugar solo, necesita a alguien como Kroos o Modric, para que se limiten a construir y dejen al brasileño robar balones, cortar contras, en definitiva ejercer el rol de pitbull sin correa que siempre ha sido y que nunca debió dejar de ser. La segunda, y para mí el aspecto más clave de todos, es aceptar que Benzema no es un delantero centro al uso. No pasa nada. Que nadie se quiera arrancar los ojos ni rasgarse las vestiduras. Karim tiene que reciclarse, el Real Madrid tiene que aprovechar los últimos atisbos de este superclase que lleva ya, ni corto ni perezoso, una década siendo el 9 del equipo. El caso es que ya es un secreto a voces que el gato prefiere venir a pedirla casi al centro del campo, que prefiere filtrar un balón a perforar la red. Por mucho que cueste aceptarlo, siempre ha sido un enganche con vitola de ariete, pero al ejercer CR de matador nadie se cuestionaba ese rol de Benzema. Ahora, con el fichaje de Jovic como apuesta de futuro en esa posición más adelantada sería totalmente irresponsable y un sinsentido no aprovechar esta nueva versión de Karim. ¿Os imagináis lo que pueden hacer Hazard y él en esa línea de ¾?,
ZZ tiene la responsabilidad de ver estas oportunidades que le da la plantilla. Eso y gestionar a dos revulsivos jóvenes, rápidos y con muchas ganas de demostrar, como son Rodrygo o Vinicius, que ya sin la presión de sacar las castañas del fuego cada partido podrán crecer sin una presión impropia de su edad.
En definitiva, el papelón de Zizou es tremendo, con tantos interrogantes que se hace difícil poner fin a estas líneas. ¿Apostar por la voracidad y la ilusión de Jovic como referencia y adaptar a su compatriota? ¿Qué hacer con Isco y Asensio? ¿Será capaz de motivar a Bale, un jugador defenestrado por parte de la afición, vestuario y prensa?
Sea como fuere, los retos de ZZ no son poca cosa, y de cumplirlos o no depende el éxito del equipo. La afición no perdonaría otra mala temporada.
