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Portanálisis·27 de febrero de 2020

Zizou, te queremos pero

L

La Galerna

Buenos días. La dolorosísima derrota (1-2) encajada ayer ante el Manchester City deja al equipo al borde de un precipicio al que, admitámoslo, da pavor asomarse. Un horizonte de eliminación europea -bastante probable con un marcador tan aciago para la vuelta en Inglaterra-, unido a una posible derrota en el Clásico del domingo ante el Barça, suscitan la perspectiva de un fin de temporada toledano, demasiado parecido al de la anterior. Aún estamos a tiempo de evítarlo en este fiarlo casi todo a lo suerte del domingo.

La opción no descartable de un final de temporada como el anterior es escalofriante en sí misma, pero también por lo que podría traer consigo. Podría desencadenar en Zidane una desazón que le moviera a desear bajarse del tren a la llegada al destino de junio, o antes. Ya le conocemos. Zidane, cuando no se siente útil, cuando percibe que no hay por dónde seguir, tiene la brutal honestidad de descabalgarse. Resultaría terrible que así fuera. Sería algo que nos situaría en el ojo mismo de la incertidumbre, porque Zidane ES el entrenador del Real Madrid, es su esencia, su alma. Su estilo, la dichosa palabreja. Precisamente porque lo es debe seguir, y tal vez para poder seguir deba asumir no sus errores, porque quiénes somos nosotros para hablar de errores sin poder calibrar las cosas desde dentro. Pero sí asumir el hecho de que en el último mes se antoja casi imposible entender muchas de sus decisiones. Que tendrán alguna razón de ser, probablemente. Pero que al común de los madridistas vive ahora mismo no solo en un disgusto súbito y casi inesperado (el lego se ha desmoronado desde el eliminación copera ante la Real), sino en una perplejidad doliente ante lo que hace su entrenador, al que tanto quiere. Al que tanto quiere pero.

No se entiende que, cuando el Madrid se adelanta en el marcador y las señales del equipo son de cansancio, no se busque afianzar el centro del campo con la entrada de un centrocampista que pueda contribuir a controlar el juego, en otras palabras no se entiende que entre al campo Bale y no Kroos, sentado en el banquillo durante noventa minutos para pasmo de la afición y (como el propio Zizou declaró) por rigurosa decisión técnica. No se entiende que hiciera tambalearse la confianza de la plantilla, que estaba en un punto álgido, revolucionado el once y el esquema en la muy ingrata eliminación en Copa del Rey. La apuesta por jugadores que están a niveles asombrosamente bajos, y cuyo eventual recambio se ha dejado ir en enero en algún caso, tampoco se entiende ni en la sana ambición de aprovechar al máximo toda la plantilla para “hacer equipo”. Es verdad que el trauma de ayer (porque dejar escapar un partido de Champions así, en diez minutos, es un trauma) tiene mucho que ver con errores individuales, pero esos errores pueden muy bien verse a la luz de la falta de competencia real en esos puestos, falta de competencia que también parece deberse a la renuencia de Zidane a dar minutos de calidad a los potenciales relevos de esos jugadores (Carvajal y Ramos en particular).

Es paradójico que el gran protagonista de devolver a estos jugadores a su sitio, recuperando a muchos de ellos cuando ya nada se esperaba de este grupo, sea también el mismo que a ojos de muchos madridistas (desinformados tal vez, pero estonces que se les dé pistas) ha dilapidado su propio caudal de energía positiva y confianza en una serie de decisiones extrañas en apenas pocas semanas.

Es paradójico pero, lamentablemente, es lo que parece ser.

As introduce en la ecuación, aunque lo tilde de milagro, la perspectiva de remontar en Manchester. Con el Madrid nunca se sabe, como el propio Guardiola reconocía al término del partido. Queremos creerlo tan fuertemente que lo creemos. Pero para ello habrá que hacer un partido tan antológico, frente a una escuadra rival que tiene su fuerte precisamente en gestionar marcadores favorables (justo lo que ayer no supimos hacer nosotros), que las remontadas europeas de la Quinta del Buitre en los ochenta quedarán serán los Teleñecos a su lado. Y además a domicilio.

El Madrid lo va a intentar. Es lo mejor que puede decirse del Madrid, y siempre se puede decir. Pero va a ser dificilísimo.

As introduce también (de manera somera, pero lo introduce) el factor arbitral, hablando de “doble rasero”. Sobre el árbitro podéis leer a Alberto Cosín. Entretanto, os diremos también que todo nos parece discutible. Sí el roce de Gabriel Jesús sobre la espalda de Ramos en el 1-1 no es suficiente para anular el gol (y seguramente no lo es), tampoco la ligera carga de Ramos sobre el propio delantero brasileño debería haber supuesto la expulsión. Sin embargo, el resultado habría sido el mismo sin la expulsión de Sergio en las postrimerías. El resultado habría sido el mismo pero ahora podríamos contar con él para la vuelta, y Sergio se antoja un factor esencial en la ejecución de hombradas como la que se nos pone delante.

Qué sabemos, amigos. Qué sabemos...

Ya se nos irá pasando el abatimiento, sobre todo si el domingo hacemos la otra hombrada más asequible: la de ganar al Barcelona. De allí -de Barcelona- llegan, claro, las portadas más lacerantes. Tomad en vuestras manos su congénita mediocridad y tornad su aborrecimiento en energía positiva.

La vamos a necesitar.

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